The Seer The Seer Top

Álbumes

Swans SwansThe Seer

8.6 / 10

Hace dos temporadas, volvieron los legendarios, inquietantes Swans tras 13 años de silencio, y “My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky” se asentó como uno de los artefactos sonoros más peligrosos de aquel momento. La banda neoyorquina, que contaba con un currículum envidiable como rara avis del rock experimental desde principios de la década de los 80, prefirió renunciar a grandes rasgos de su estética para, a cambio de ese sacrificio (sobre todo de cara a los fans más hardcore), tirar de ética y darle forma así a un álbum que tenía como principal valor el riesgo. Era como un salto en el vacío. Su acierto estaba en situar al oyente en un lugar incómodo y empezar de cero (un reset creativo, ni más ni menos) con la misma actitud que ha caracterizado siempre a Michael Gira, que es algo más que fotocopiar un sonido–. Escuchabas aquel trabajo y rápidamente todo se transformaba en una experiencia física, una vibración entre la excitación salvaje y el dolor. “The Seer” es la continuación de aquel regreso triunfal –con el paréntesis del doble CD en directo “We Rose From Your Bed With The Sun In Our Head”–, y lo hace redoblando la apuesta: otro doble CD de material nuevo, de temas ásperos que salen a chorro del equipo de sonido rasgando el aire, arañando la piel, dejándote en un profundo estado de shock. La mayoría de los cortes se van más allá de los 15 minutos ( “The Apostate” alcanza los 23; “The Seer” llega a la cima con 32), a modo de declaración de intenciones: Swans exigen una atención concentrada y sin despistes a su material, porque en realidad no estás escuchando un disco, sino asistiendo a una ceremonia de iniciación.

Antes de reformar Swans, Michael Gira había seguido en contacto con el lado difícil de la música con un proyecto de folk intoxicado llamado Angels Of Light, que había quedado abandonado cuando “My Father Will Guide Me…” y que vuelve a resonar con fuerza en diversos momentos clave de “The Seer” en los que la narrativa instrumental se adentra en pasajes de una repetición insistente –los quince primeros minutos de la pieza titular, por ejemplo, impulsados como un mantra por los redobles de percusión, las guitarras planas y la salmodia vocal, que parece aquí un conjuro para convocar al diablo hasta que todo se detiene y llega un cuarto de hora más de lentitud, espacios y más terror, como la interpretación propia de Swans del lenguaje del doom metal y del folk noir–. Quizá este momento sea el que resuma mejor un “The Seer” que admite adjetivos como visceral, agresivo y tremendista, pero que por encima de cualquier otra cosa es vital. Es un trabajo vivo que sostiene una idea de fuerza e incomodidad, pero que no se rige por un único patrón. En “The Seer Returns”, que parece ser el reprise de la media hora de insania precedente, Gira opta, en cambio, por un camino opuesto, r una especie de blues –volcánico, afilado– que en cierto modo destensa la sensación de peligro, pero que abre la puerta a otro tipo de riesgos como la disonancia noise, con guitarras gimientes y chillonas, de “93 Ave. B Blues” –de blues no tiene nada, por cierto– y la miniaturas falsamente beatífica de “The Daughter Brings The Water”, que se basa en un canto modal como el que conduce “The Wolf”.

Michael Gira no está solo –en “Song For A Warrior”, sorprendentemente, canta Karen O, que se une al plantel de colaboraciones que completa el más que adecuado Ben Frost, aquí mucho más que una influencia para los momentos más abrasivos de estos Swans del siglo XXI–, pero aunque no está solo dirige el proyecto como si su visión fuera la única: panóptica y desquiciada. El segundo CD es una variación continuada en la temperatura de “The Seer”: “Song For A Warrior” es una balada y “Avatar” un crescendo noise, momentos de calma antes de que las cosas se pongan feas en los drones helados que desembocan en el doom folk de “A Piece Of The Sky” –19 minutos, nada menos– y la inyección letal y última de “The Apostate”, donde se rompen todas las compuertas que sostenían el caos, la disonancia y la maldad para turbar los sentidos de la manera más atroz posible.

Por supuesto, hay que mirarle a los ojos a la criatura que enseña sus dientes en la portada de “The Seer” y entrar en sus dos horas de torbellino sonoro sin miedo y sin echarse atrás. Avanzar en un tema, saltar al siguiente, quitarlo, es sinónimo de haber sido derrotado por uno de los discos que marcan el nivel del riesgo –al menos a efectos ‘rock’– en 2012. Swans no lo ponen fácil y no quieren ningún oyente acomodado que venga a su LP a hacer turismo por el territorio árido –y ocasionalmente desconocido– de su segundo asalto en su versión renovada y actualizada. De hecho, exige una escucha completa y sin interrupciones porque es la exposición continuada a sus impactos, como quien soporta un largo interrogatorio o una tortura, la que permite salir de este infierno con la sensación de haber asistido a una situación excepcional. Cada pieza lleva a la siguiente, sin encontrar nunca un clímax, porque el clímax es todo. Un clímax cancerígeno que te consume, te destroza y te vence.

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