The Secret Carnival The Secret Carnival

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Vinila Von Bismark And The Lucky Dados Vinila Von Bismark And The Lucky DadosThe Secret Carnival

8 / 10

Vinila Von Bismark And The Lucky Dados  The Secret Carnival SUBTERFUGE

Allá estaba ella, divina, agitándose sensual con sus pezoneras de plumas al ritmo que le marcaban Dani Nel·lo y sus Mambo Jambo en el club Taboo de Barcelona, la única noche regular en España en la que se puede disfrutar de shows de burlesque, una vez al mes en la sala Apolo. Un tributo al city hall y al desnudo pícaro con intención artística, lejos del destape vulgar del strip-tease. En eso, Vinila Von Bismark es una auténtica estrella, y la gran representante de una manera de entender el espectáculo erótico-musical tal como se practicaba en los antiguos teatros de Europa y Estados Unidos, en la época de entreguerras y en los años 50. Ella lo sabe todo de lo vintage, y aunque alguna personas –por puro desconocimiento– prefieren observar su figura artística como la de una mera desnudista, lo cierto es que la andaluza sabe lo que hace y por qué. Es una enciclopedia del rockabilly y una apasionada de la arqueología pop, prepara sus espectáculos y su discurso global con esmero, y aunque querría reencarnarse en Dixie Evans si pudiera, está haciendo suficientes méritos para que las futuras reinas del burlesque se quieran parecer a ella.

Ahora, y en lo estrictamente musical, Vinila se une a The Lucky Dados en este “The Secret Carnival” para bucear en los años 50 a pulmón. La etapa de Krakovia ya está finiquitada, es historia, y este es un capítulo mejor en su hoja de servicios como cantante. De hecho, ahora que tanto se habla de revival rockabilly –con clubes en todo el mundo dedicados a recuperar aquellas canciones de los primeros días del rock’n’roll–, Vinila y su banda contribuyen a engrosar el fenómeno –eso sí, todo electrificado– hincándole el diente al swing y aquella época dorada en la que la sociedad se desmadraba en bailes acrobáticos y con los primeros atisbos de una revolución sexual. La guerra había acabado, la prosperidad económica era grande y había que disfrutar como si no hubiera un mañana. La historia de este disco comienza cuando Vinila descubre a The Lucky Dados en la sala madrileña Gruta 77, su música le deslumbra y decide proponerles una futura colaboración. The Lucky Dados, para quien sigue el rock’n’roll retro no son ningunos desconocidos, pero el hecho de que no hayan publicado ninguno de sus discos en España les ha restado muchísima proyección interior. En realidad no pasa nada, a ellos les va muy bien en Japón, donde han grabado material –versiones y canciones propias– para el sello Revel Yell Music y colman los deseos rockers de una legión de jóvenes nipones intentan lucir un tupé como el de Elvis o el tipazo como el de James Dean (y les suele quedar el aspecto bastante bizarro). En conclusión, The Lucky Dados suenan a grupo nuevo por aquí, pero no son ni de lejos unos novatos. Saben de lo suyo un rato.

Masterizado en el estudio londinense The Exchange con Graeme Durham –patriarca de Kitty Daisy & Lewis–, “The Secret Carnival”es una mezcla entre rock pellizcado, estiloso, elegante y clásico, a la vez que una revisión de las antiguas epopeyas de circo. Por ejemplo, el tema “Evil Circus” es un homenaje al “Entrance Of The Gladiators” de Julius Fucik. A Vinila le apasiona el circo como forma de arte y de expresión corporal, sin ironía (un matiz que hay que aclarar ahora que el tema está en decadencia, salvando los circos con láser del tipo del Cirque du Soleil). Pero además de carpa y trapecio, en el álbum hay rockabilly vital – “Oh Baby”–, tributos al calypso – “Runaway”– y el swing de Cherry Poppi’n Daddies en “I’ll Rob Your Soul” con resultados muy sólidos. Vinila actúa como maestra de ceremonias de un álbum que es puro entertainment. Sin pretensiones de arrancarnos de la memoria a bandas como The Stray Cats o Heavy Trash, temas como “Where’s My sugar” o “Bad Boy” cumplen acertadamente su cometido de homenajear aquella época en la que Paul Burlison y Carl Perkins sentaron las bases de un género antes de que Elvis fuera enaltecido como icono generacional gracias –en buena parte– a la magnificente y siempre aprovechada factoría hollywoodiense. Más allá de la modernidad recalcitrante, también hay espacio para la memoria, y esa tarea Vinila y su banda la desempeñan con altísima dignidad.

Mario G. Sinde

* Escucha algunas canciones en su myspace

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