The Roots of El-B The Roots of El-B

Álbumes

El-B El-BThe Roots of El-B

9.3 / 10

El-B  The Roots of El-B TEMPA

Lo que ocurrió en el subsuelo electrónico londinense entre 2000 y 2002 es, todavía para muchos fans de la música de baile, un secreto incomprendido. Por mucho que se hable de dubstep, da la impresión de que todo surgió de la nada, en 2006, con los álbumes simultáneos de Skream, Burial y Kode9. Pero, como dijo el filósofo romano Lucrecio, “nada se puede crear de la nada”: el dubstep, aunque no esté bien difundido, tiene un origen. Parte de él ya fue revelado hace tres años por el sello Tempa, bajo la dirección de Blackdown –o sea, el crítico y bloguero inglés Martin Clark, máxima autoridad en la materia– en el clarificador recopilatorio “The Roots Of Dubstep”: ahí aparecían enanas sinfonías de ritmo afilado y sonido nítido atribuidas a Steve Gurley, Horsepower Productions o Phuturistix, y entre todos también estaba, como no podía ser de otra forma, El-B. Todos ellos eran, en aquel momento –pongamos 2001 como el año clave– la expresión más arriesgada del sonido 2step cuyos mascarones de proa comerciales eran MJ Cole, The Artful Dodger y puede que Ed Case: ante el fulgor pasteloso y el house trabado y populachero de estos, los pioneros del dubstep proponían enredar los breaks, abolir las apasionadas voces de diva sacarinada y tallar cada sonido como si fuera la superfície de un diamante. Garage instrumental y con profundidad –de ahí la utilización del sema ‘dub’ en la construcción de la etiqueta dubstep– que poco tiempo después debutaría oficialmente con un álbum ( “In Fine Style”, de Horsepower Productions) y un recopilatorio ( “Dubstep Allstars: Vol. 01”, de DJ Hatcha) que relucirían como la luna llena.

Pero la luna, como sabemos, tiene su cara oculta, y El-B es todavía hoy un misterio que no se había desvelado correctamente. Lewis Beadle tuvo un pequeño momento de fama underground cuando remezcló uno de los efímeros éxitos comercial de aquel 2step que ya estaba en descomposición –el futuro inmediato era el garage-rap de So Solid Crew y The Streets–, pero que todavía sonaba en las radios pirata y amasaba buenas ventas: “Neighbourhood”, de Zed Bias. Pero ese momento de relevancia no ayudó a desenterrar su auténtico tesoro, que eran las producciones que estaba publicando casi de manera clandestina –sin buena distribución en tiendas especializadas, ni tampoco un artwork que ayudara a dar una imagen de oficialidad– en su sello Ghost. Pocas veces un sello ha tenido nombre más apropiado: El-B vagaba por el Londres de entonces como un fantasma, conocido sólo por aquellos que compraban white labels en los sótanos de recónditas tiendas de discos. Pero aquellos 12”s – “The club / 2000” fue el primero– son los que luego darían nacimiento a Burial y tantos otros.

Burial, precisamente, tiene a El-B como uno de sus principales referentes. Dice en el libreto que acompaña al CD: “esa percusión es el futuro aún, es como el jodido último secreto que queda en la música, cómo hacer esa percusión. Yo lo he intentado…”. Los breaks de El-B son garage con empuje –por entonces existía un subgénero, el breakstep, que implicaba hacer un garage con bajos gordísimos, el que entonces practicaban Zed Bias, Azzido da Bass o la gente del sello Bingo Beats–, pero a la vez son garage con producción detallada y cuidadosa, una obsesión por el resplandor de hasta un miserable zumbido de bajo ocasional ( “Digital”, a medias con Juiceman, que fue publicado originalmente en Locked On) del que tomarían buena nota Horsepower Produccions para su seminal “In fine style”. Los quince tracks recogidos en “The Roots of El-B” no sólo trazan una trayectoria creativa entre 2000 a la actualidad –es un disco cuya calidad disminuye con el transcurso de los beats, pues es la crónica que va desde la revolución, allá por “Express” o “Show a little love”, a la normalización de un estilo sin misterio en “Amazon” o “Among the stars”–, sino que arroja luz sobre ese último gran secreto de la música rave inglesa. Para cualquier aficionado al dubstep, tener todo esto reunido en un solo CD es como cuando a los especialistas en genética les plantaron delante de las narices el mapa completo del genoma humano. La perspectiva tiene que ser, indefectiblemente, otra.

Javier Blánquez

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