The Road The Road

Álbumes

Nick Cave and the Bad Seeds Nick Cave and the Bad Seeds The Road

8.6 / 10

Nick Cave & Warren Ellis  The Road MUTE

Aun a riesgo de recibir una lluvia de palos de su grupo de fans, uno de los más fundamentalistas y entregados del panorama rock actual, debo confesar que mi disco favorito de Nick Cave de la década que abandonamos hace unos días sigue siendo la banda sonora de The Assassination Of Jesse James By The Coward Robert Ford, incluso por encima de “Nocturama” o “No More Shall We Part”. Ni rastro de boutade, que conste. Es ese score uno de los trabajos más completos, hipnóticos, emocionantes y refinados de su discografía reciente, una obra ideada y ejecutada al alimón con Warren Ellis que se convertía en un elemento indispensable para consolidar el triunfo artístico de ese notable filme de Andrew Dominik. Instrumental, austera, de extraña y convulsa sutileza, era esa grabación la consolidación del nuevo rumbo como bandsonoristas de la pareja, que ya habían colaborado con éxito en “The Proposition”, un dueto con violines, pianos y guitarras que rompía con la tendencia expresiva habitual de su trayecto en solitario o acompañado por los Bad Seeds.

Ellis y Cave han sabido encontrar el tono idóneo para acompañar las imágenes que les presentan, y está claro que cuando se empezó a pensar en la adaptación cinematográfica de la novela de Cormac McCarthy La Carretera, que para más datos está dirigida por el australiano John Hillcoat, realizador, a su vez, de la ya citada “The Proposition”, sus nombres se posicionaban como firmes candidatos para ocuparse de la correspondiente banda sonora. La nueva colaboración estaba cantada. De la película poco se puede decir: aunque obtuvo una respuesta poco entusiasta por parte de la crítica después de su proyección en la última edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya en Sitges, basta con echar un vistazo al trailer de la misma como a las imágenes fotográficas del rodaje, del propio filme o incluso a la portadita de este CD para darnos cuenta de que aquí hay material de base para ofrecernos una experiencia visual y emocional de gran magnitud.

Para el estreno de la película tendremos que esperar hasta el 5 de febrero, pero mientras nos subimos por las paredes y agonizamos hasta que llegue ese día podemos empezar a abrir boca con la banda sonora. No lo tenían fácil Cave y Ellis en este reto: aunque “La Carretera” es una novela apocalíptica, un cataclismo emocional de primer orden, el verdadero leitmotiv de la misma es la estrecha, cálida y detallada relación entre sus dos protagonistas, padre e hijo inmersos en algo parecido al fin del mundo y en un descubrimiento íntimo y personal, de una sutileza y sensibilidad apasionantes, que tiene lugar en un contexto de cielo color ceniza, paisajes abandonados, depredadores ocasionales y tácticas improvisadas de supervivencia. El score, pues, podía haber caído en la tentación, fácil y comprensible, de la épica, del derroche y de la grandilocuencia instrumental, en una serie de partituras al uso en las que se agitaran los resortes de una emoción evidente, visible y redundante que hiciera las veces de subrayado de los momentos clave de la cinta. Era la opción por la que hubiera optado un gran estudio y un director conservador, el encargo a cualquier compositor reconocido que con una orquesta y un juego de sintetizadores hubiera creado el estándar hollywoodiense sin molestarse más de la cuenta.

Afortunadamente, Hillcoat ya demostró con “The Proposition” que su discurso como director de cine se aparta de la ortodoxia y de las convenciones. El australiano, pues, volvió a llamar a Nick Cave y Warren Ellis para que le compusieran una música acorde a la hipersensibilidad del libro y, esperemos, de la propia película. Y éstos han respondido con rotundidad a sus peticiones. El tono general de la banda sonora es templado, con piezas breves, la mayoría no superan los tres minutos, de cierto aspecto fúnebre, sigiloso y ceremonial. La estructura básica es el juego a dos voces del piano de Cave y el violín de Ellis, entrelazados en un camino de encuentros y desencuentros que rápidamente hace pensar en algunos de los últimos grandes discos neoclásicos que hemos escuchado: “Float”, de Peter Broderick; “Light In August”, de Danny Norbury; o “Variations Of Ecstatic”, de Ólafur Arnalds, por citar tres ejemplos. Pero es que también es inevitable pensar en el Thomas Newman más contenido, en Eleni Karaindrou y sus creaciones para Theo Angelopoulos o, por supuesto, en el Arvo Pärt de “Alina”.

En las antípodas de los arreglos orquestales y la pompa instrumental de mucho filme apocalíptico, “The Road” es un disco que se fundamenta en la serenidad, la sobriedad y la calma tensa. Avanza a paso lento, pero en todo momento hay resonancias emotivas, en todo momento hay pegada, es un arrebato de tristeza que no necesita las imágenes que acompaña para dejar huella y recuerdo, e incluso acaba entregando algunos pasajes, en el tramo final, que transforman la profunda amargura del inicio en un matizado optimismo acorde al material original en que se inspira. Poco más se le puede exigir a una banda sonora: conmueve y fascina por sí misma, tiene autonomía propia pero también capta a la perfección la idea y objetivos del filme al que representa, contiene evolución propia en su recorrido y huye de los convencionalismos y los lugares comunes del género para asentarse como otro trabajo imponente e importante de este campo al margen de la ortodoxia y los referentes asentados. Impecable.

Julio Pardo

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