The Real Sound Of Chicago The Real Sound Of Chicago

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Varios VariosThe Real Sound Of Chicago

8.1 / 10

Varios  The Real Sound Of Chicago BBEAntes del house ya había vida en materia de música de baile para las masas en Chicago. Parece mentira, pero así es. Me comentaba hace poco el productor de deep house de Detroit Rick Wade que si quieres pinchar disco en la ciudad de los Bulls debes afilar al máximo tu selección antes de salir de casa porque allí el público es entendido y no se anda con chiquitas. Debe ser algo así como un rollo exigente para entendidos tipo la Maestranza de Sevilla cuando se habla de afición purista por los toros. En Chicago, de todas maneras, se ha bebido del funk, del rock, del post-rock, del blues y del jazz, así que no iban a ser menos pulidos en términos de disco music, que a fin de cuentas es el germen del house más espiritual que practicaron los Larry Heard y Frankie Knuckles de turno. Cuando la música era espiritual, Salinas. En ningún otro lado como en esta ciudad de grandes rascacielos se ha experimentado con las mezclas estilísticas con la misma impunidad con la que se rompía la ley seca. ¿Y qué es el house sino mezcla de varias sensibilidades? Ésta es la melaza que se incluye precisamente en el recopilatorio que nos ocupa, una declaración de intenciones desde el mismo título: “The Real Sound Of Chicago”. En materia musical, por lo menos, Chicago ha sido siempre una ciudad ejemplar. Así que ya tardaban los gestores de BBE en sacar un recopilatorio representativo de esa época seminal de la música discotequera que va de mediados de los 70 a principios de los 80.Los artistas aquí recogidos son principalmente productores anónimos que se encontraron con el rechazo de una industria que más adelante se forraría con los discos de house superventas que vinieron después. El subtítulo de la colección reza: “underground disco from The Windy City”. En esta ocasión, BBE cuenta con la tienda de discos Mr. Peabody Records para recuperar aquello que el viento no se llevó. Mark Grusane y Mike Cole hacen de prescriptores de una selección que hará las delicias de los seguidores de la música viejuna y de los amantes de los ritmos negros. Aquella debe de ser una especie de Wah Wah Records en Barcelona o la extinta Ama Records de Madrid. Yo, que no he encontrado un solo disco interesante (y menos a buen precio) en mercadillos como el de Sant Antoni o el del Clot en Barcelona, admiro a estos buscadores del saldo de oro, chicos de mediana edad que siguen solteros porque su principal misión en esta vida no es encontrar su media naranja sino un disco de, pongamos por caso, Lajohn & Sheela. Unos Indiana Jones en el templo de la tribu de los dedos con mugre. Lo de esta gente no deja de ser tan peterpanesco como loable. Tal y como se explica en el libreto del recopilatorio, su principal fuente de avituallamiento musical son los almacenes abandonados del sur de Chicago donde han llegado a encontrar miles de discos dejados de la mano de Dios. Explican el caso de cómo encontraron 10.000 discos en un almacén de un bar que había permanecido abierto entre finales de los sesenta y principios de los ochenta: entre sartenes y pósters con color rancio encontraron uno de los botines de su vida. Y entre esos, el referido disco de Lajohn & Sheela. Además de hacer de espeleólogos han ejercido de orfebres, porque algunos de los temas tuvieron que ser editados debido a su mal estado de conservación. Full support, Mr Peabody.No sé. Pienso, por ejemplo, que esta colección le podría agradar a Toni Rox, el DJ madrileño que fundó Boozo Music y que formó parte de aquel seminal grupo de tech-house llamado The Frogmen, que es especialista en house, disco y soul de Nueva York, pero no sé si está tan metido en el rollo de Chicago. Así es que esta colección es para ellos y para mí también. Porque todos lo valemos. Merecemos recuperar todo este catálogo de disco tecleado con mucho boogie –el lado más soleado y saltarín del “blues”– en tiempos como estos en que vuelven la madera y la cuerda a las discotecas. Una colección que no hace sino corroborar el interés que existe por este tipo de sonido más orgánico, espiritual, eclesiástico si quieren, que a España está llegando de modo esquinado, como una corriente tangencial que aquí parece una reacción contra esta manía disco que ha abierto las puertas a muchos neófitos. Pasaría por capricho de unos pocos enterados si no fuera por DJs como el mismo Toni Rox, que ahora pincha en Barcelona en locales como el Marula Café, o a otro DJ con interés por lo que ocurre fuera y de primera mano como DJ2D2. Habría que descifrar qué es exactamente eso del boogie, qué parentesco tiene con el disco y por qué DJs como DJ Spinna lo reivindican justo ahora, después de la sobredosis disco y nu disco que ha asolado el planeta clubbing. Un universo sónico tan vasto como real. Mientras tanto, disfruten de esta colección: para todos los públicos y sin reparos. Y boogie-boogie. David Puente

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