The Phenomenal Handclap Band The Phenomenal Handclap Band

Álbumes

The Phenomenal Handclap Band The Phenomenal Handclap BandThe Phenomenal Handclap Band

7 / 10

The Phenomenal Handclap Band  The Phenomenal Handclap Band TUMMY TOUCH / LOVEMONK

Con un nombre que podríamos traducir como ‘la banda de las palmadas fenomenales’ – o ‘la fenomenal banda que da palmadas’, tanto monta–, ya dan ganas de que el disco, y el grupo, te guste. Hay ese anhelo de pasarlo bien con lo que parece un aviso de fiesta y algarabía. Ya ocurría con Clap Your Hands Say Yeah: aunque luego fueran otra cosa menos verbenera, sólo con mencionar el nombre comenzaba a latir el corazón más fuerte. Ocurre luego, claro, que la cosa no es tanto como promete, aunque The Phenomenal Handclap Band no vayan desencaminados en sus intenciones, sus métodos y sus resultados. Otro supergrupo indie con sedimento cool para los tiempos que corren –por aquí aparece miembros de TV On The Radio, Calla o Si Sé, que están entre lo mejor y lo más defendible de la escena hipster de Brooklyn–, en realidad The Phenomenal Handclap Band es una orquesta funk mutante e hiperestudiada dirigida por dos DJs con olfato a los que en adelante conocermos como Daniel Collás y Sean Marquand.

Como tantos otros DJs, Collás y Marquand se guían por el impulso primero de acaparar discos de todo tipo y estudiarlos, primer requisito para poderlos pinchar luego sin que las mezclas se encabalguen. Crate-diggers imaginamos que bastante curtidos y con la nariz fina, se dedican a rebuscar en las cubetas de música negra, dance de todas las épocas, psicodelia sixties, que siempre son valores seguros para los cazadores de vinilo. Engullen disco music con cuerdas y teclas abundantes, las canciones de The O’Jays, soul de los sesenta y funk de los setenta: les viene igual de bien un órgano Hammond que un cencerro, unas armonías vocales con muro de sonido inspirado en Phil Spector como una secuencia de bajos electrónica a la manera de Moroder, y cada cosa entra en su momento en las canciones sin que parezca que lo amontonan sin ton ni son. Y a pesar de eso, los ingredientes de “The Phenomenal Handclap Band” no son suficientes para garantizar una obra maestra. No es especialmente grave: aunque en su primer disco The Rapture y LCD Soundsystem encontraron mejores resultados, también evidenciaban carencias que fueron puliendo con el tiempo.

El error de Collás y Marquand es el de confiar en el marketing del supergrupo –por aquí aparecen Jon Spencer, Bart Davenport, Aurelio Valle (vocalista de Calla) y Lady Tigra– en vez de asumir todo el protagonismo de primeras y sin citas al pie de página que les eclipsen. En esta crítica, ya lo ven, se está hablando de los invitados –también Jaleel Brunton, de TV On The Radio– como si fueran la salsa del conjunto, cuando en realidad son sólo una guinda que está bien que esté, que puede saber hasta bien, pero que ni añaden ni restan al pastel. Otro punto endeble es, como ocurre en muchos discos de productor, la falta de correlación entre el talento para juntar sonido y ese mismo talento para edificar canciones. “The Phenomenal Handclap Band” es más soundwriting que songwriting, y eso en un ejercicio que quiere andar más cerca del pop que de los ritmos de baile es un impedimento. Y puestos a destapar limitaciones, también renquea este disco –que su sello quiere vender como el debut del año, aunque no lo sea ni de lejos– por su inconcrección, saltando de un solo de guitarra psicodélico y polvoriento a una ceremonia vudú o a un frenesí discotequero sin que las formas se fusionen en un todo, sino sumando pedazos y parches. Con bastante habilidad, eso sí.

Que el lector no se quede con la sensación de que este trabajo no vale la pena. No es eso. Nadie perderá su tiempo por pegarle una escucha, que transcurre ágil y sin que sobrevenga ningún disgusto o momento de querer darle al botón de stop, incluso es posible que más de uno se quede enganchado a una pieza en particular –la apertura, “The Journey To Serra Da Estrela”, por ejemplo, o el soul-rock pantanoso de “Tears”, o el krautdisco motorizado de “You’ll disappear”–, o a los destellos de pop mutante y con toques tropicales que aparecen aquí y allá. Lo que sí ocurre, en el fondo, es que por no escucharlo tampoco pasa nada. Entra dentro de la liga de los discos correctos, tirando a buenos, y en la liga de esas críticas que acaban con el tópico “el segundo será mejor”. Lo cual no siempre es suficiente, ahora que nos hemos puesto tan y tan finos.

Alberto Lista

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar