The People's Record The People's Record

Álbumes

Club 8 Club 8The People's Record

7.1 / 10

Club 8  The People’s Record

LABRADOR

Subirse al carro del tropicalismo a estas alturas puede sonar oportunista. Pero no en un caso como el de Club 8, una banda que se había metido de bruces en su callejón sin salida particular a base de atmósferas de twee electrónico y bossa pop ensoñador en la línea de Saint Etienne o Trembling Blue Stars. Fue éste un campo en el que los suecos rara vez consiguieron estar a la altura de las comparaciones con otras bandas como las mencionados o unos Belle & Sebastian en pleno baño de tonos pastel y languidez emocional. De hecho, bien podría considerarse que han sido unos compatriotas suyos, jj, los que han cogido su legado (y el de muchos otros) y lo han retorcido de una forma endiablada hasta, a base de un sentido afiladísimo de lo cool (tanto por “guay” como por gélido), trascender todo aquello que Club 8, pese a las buenas intenciones, nunca trascendieron.

Tras seis discos y una carrera sólida pero algo estancada, ¿qué hacer? Para empezar, Club 8 dieron señas de que estaban dejando de tomarse tan en serio a sí mismos con el lanzamiento de “The Boy Who Couldn’t Stop Dreaming” (Labrador, 2007): fue entonces cuando abandonaron su torre de marfil y empezaron a conceder entrevistas. De ahí hay un paso pequeñito pero decisivo hasta su última sesión de fotos de promo, en la que Johan Angergard (a su vez, líder de The Legends y capo absoluto del sello Labrador) y Carolina Kornstedt bailan animadamente con dos tipos disfrazados de osos o perros o algo que no queda demasiado claro. Todo un cambio de actitud que tiene su correspondiente reflejo en un viraje de rumbo musical: basta darle al play en la primera canción para sorprenderse ante la ráfaga de metralla tropical que abre el disco en los primeros segundos de “ Western Hospitality”.

“The People’s Record” es uno de esos tumbos de montaña rusa en la que los intrincados rieles te ponen boca abajo y chillas y pataleas y te lo pasas de puta madre. Después de una carrera acostumbrados a las subidas y bajadas típicas, sin sobresaltos, el nuevo gusto de Club 8 por la samba, el sudor latino, el afrobeat y los carnavales de Río significa un estimulante volantazo que convencerá a los fieles y que obligará a los que nunca prestaron atención al dúo sueco a poner sobre ellos un ojo y los dos oídos. También los pies. Sobre todo, los pies. Porque “The People’s Record” es un festín dirigido, no a la pista de baile, sino a la arena a pie de ese chiringuito ideal en Formentera donde todos soñamos acabar las jornadas de nuestras vacaciones estivales. El álbum se abre con una trío de ases que asienta los pilares sobre los que se construirá el resto del disco: la mencionada “Western Hospitality” se ve escoltada por las sublimes “ Isn’t That Great?” (donde la percusión tribalista empieza a apoderarse del cotarro en compañía de las guitarras tropicales, las maracas y los instrumentos más veraniegos) y " Shape Up” (con un delicioso juego de acelerones y frenadas que fideliza más que un caramelo jacoso en la puerta de un colegio). A partir de ahí, y pese a un par de bajones en los que el espíritu de las Navidades Pasadas se apodera de ciertas canciones, tiñéndolas ligeramente de una languidez neutra que recuerda a tiempos (ahora) pretéritos de la banda, “The People’s Album” acaba convirtiéndose en una trepidante lección de cómo practicar con más que solvencia ese pop en el que una forma brillante contrasta con un fondo oscuro. Porque, por si alguien lo había dudado, por mucho que ahora las canciones de Club 8 vengan envueltas en papel de regalo con estampado de guateque playero, sus letras siguen siendo un bajonazo en toda regla. Atended, si no, a títulos como “ My Pessimistic Heart” o “ We’re All Going To Die”.

Adiós a la niebla suecas… bienvenido sea el sol brasileño. “The People’s Record” es un punto y aparte en la biografía y en la discografía de Club 8: un abrir la ventana para que entre aire fresco y darte cuenta de que tus vecinos brasileños están montando una fiesta en la terraza. Y aunque el álbum sigue habitando el terreno de las referencias ( Suburban Kids With Biblical Names y, ¿por qué no?, unos Extraperlo que dejan los ochenta para explorar un tropicalismo más luminoso, cercano en ocasiones a las escaramuzas sensuales del Gainsbourg más juguetón), hay que reconocer que las chanclas y los bañadores les sientan más que bien a Angergard y Kornstedt. Una versión evolucionada de una vieja banda. ¿Tendremos que empezar a hablar, entonces, de Club 9?

Raül De Tena

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar