The People’s Key The People’s Key

Álbumes

Bright Eyes Bright EyesThe People’s Key

6.1 / 10

Bright Eyes  The People’s Key SADDLE CREEK

A estas alturas, y después de más de 17 años haciendo música desde que con la edad de 13 empezara a dar rienda suelta a su creatividad, se puede decir a favor de la compleja personalidad de Conor Oberst que nunca regala música vacía ni cae en ejercicios acomodaticios después de que uno de los miles de sonidos experimentados funcione. Eso no significa, sin embargo, que su nuevo trabajo, su nuevo volantazo al frente de Bright Eyes, “The People’s Key”, acabe de funcionar.

Después del triste, deprimido y desnudo “I’m Wide Awake, It’s Moring” que le encumbró en 2005, desde ese sonido de cantautor folk con ciertos tintes emo y personalísimos que elevaban melodías arrolladoras, Conor ya marcó una línea más enérgica, que ahora confirma, en “Cassadaga”. Ahora, sin embargo, en esta especie de regresión eléctrica y a la vez exploración de los sintetizadores más pop (nada que ver con su experimento de una electrónica más thomyorkiana con su “Digital Ash In A Digital Urn”) tan sólo consigue cuatro o cinco pildorazas de energía memorables en el contexto de un disco irregular, alejado más que nunca de la música de raíces norteamericana.

Eso es culpa, en parte, de que Bright Eyes no busca esa energía con un disco de rock de banda a lo clásico, como sí que hizo en parte Conor en solitario con su reciente “Other South”. No, aquí aparecen guitarras y baterías enormemente producidas y como mero decorado artificoso, que hacen que el largo se pudiera perder en ocasiones en estanterías de rock comercial a lo Bon Jovi. Entiéndanme, puesto que el talento de Conor tanto en las melodías como en las letras no es algo discutible. Es por eso que, desde el segundo corte, “Shell Games”, hasta “Haile Selassie”, el cuarto, “The People’s Key” despierta expectativas de gran disco. En ellas, no molesta ese sonido comercial tan alejado del cantante opresivo que conocíamos, sino que la voz de Conor se eleva con melodías pop a ritmos cañeros para transmitirnos una luz y una energía positiva que creíamos que no existía en él. Siempre, claro, con el componente de rabia y desencanto contenidos.

“Shell Games” es brillante y te anima a rodar, asumiendo eso de “here it come, that heavy love”, con todo el coñazo que eso implica, “you’ve never gonna leave it alone”. El doble bombo potentísimo inicial de la siguiente, “Jejune Stars”, vuelve a invitar a esa renovación destructiva de darle caña al asunto, con un desconcertante, adictivo y surrealista estribillo: “So I go, umbrella under my arm / Into the green of the radar / How'd it get so dark in the day? / It's just so bizarre/ Is it true what we're made of? / then why do I hide from the rain?”.

Empieza a apagarse entonces el disco, con síntomas de recuperación en la marcha épica de “Haile Selassie”, pero con la inconstancia de disco correcto y escuchable como sensación final. En ocasiones, como en “Ladder Song”, Bright Eyes recupera su tristeza más trágica arropada por un piano, pero no emociona como lo hizo en el anteriormente mencionado “I’m Wide Awake, It’s Morning”, pese a que la canción esté hecha con el sincero pesar de quien pierde a un amigo. Seguramente, si Elliott Smith hubiera vivido más años y grabado tantísimos discos, también nos habríamos llevado algunas pequeñas decepciones (eso sí, con joyas en su interior, como sucede en este “The People’s Key”).

Germán Aranda

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar