The Orbserver In The Star House The Orbserver In The Star House

Álbumes

The Orb featuring Lee Scracth Perry The Orb featuring Lee Scracth PerryThe Orbserver In The Star House

6.6 / 10

Alex Paterson, adalid de las pulseras de cuero en los tobillos y el porrito de media tarde sobre el césped, amo y señor de la electrónica formentereña para psiconautas con perro esquelético, primer defensor de la henna en los festivales de música de baile: básicamente, y para no extenderme en las tediosas intros informativas, el grupo fundado por Paterson hace eones, The Orb, es una de las marcas más fiables cuando se habla de música electrónica para la evasión. Los paisajes psicodélicos, ritmos aletargados e incontables capas de sonido de sus composiciones hicieron del grupo un icono del flipe, la imagen corporativa de lo que en los 90 se denominó chill out (un poco de ambient, un poco de house, un poco de space electronics y tira millas). Lo cierto es que la banda, compuesta actualmente por Paterson y el gran Thomas Fehlmann, todavía hoy vive de las rentas, que no es Moloko de pavo.

Los The Orb actuales, mucho más influenciados por los sonidos acuosos del minimal, han sabido mantener el cuello fuera del estanque, adaptando su libro de estilo a los tiempos que corren con cierta dignidad. Una dignidad que se verá abrillantada por esta colaboración con la que es para muchos la figura más grande que ha dado la música dub en toda su historia. Contar con el ya septuagenario Lee ‘Scracth’ Perry para un proyecto de estas características dice mucho a favor del poder de seducción que todavía conserva Paterson. Son muchos los que matarían a su propio padre por acariciarle el bello de las orejas al abuelete y tenerle lanzando arengas con su peculiar dicción y musicalidad porrero-jamaicana.

Sin embargo, lo que quizás en otro disco no habría sido más que una colección de beats con un jubilado lanzando frases sueltas y senilidades al tuntún –escuchad a Perry, el pobre está más gagá que Jaime Peñafiel–, en la cacerola de Fehlmann y Patterson se convierte en un curioso y hasta embriagador viaje a las profundidades de un charco compuesto por dub (70%), house (20%) y ambient (10%). Diablos, todos sabemos que estos discos de colaboración suelen durar menos en el iPod que un perrito caliente en manos de Carlos Jean, y este no va camino precisamente de cambiar el tópico. De todos modos, el dúo británico se las apaña para dar forma a un colchón instrumental lo suficientemente envolvente como para que los chascarrillos de Perry no parezcan murmullos inconexos de un pensionista medicado.

Porciones de house líquido flotando en un charco de graves sedantes ( “H.O.O.”); loops tribales de percusión africana y vomitonas de dub crepusucular ( “Congo”); conatos de dubstep galáctico ( “Man On The Moon”); funk añejo y hip hop polvoriento ( “Thirsty”); house narcótico con líneas de bajo ondulantes ( “Soulman”); coñe, incluso hay un remake de “Little Fluffy Clouds” transformado aquí en una tonadilla muy soleada y vigorizante de nombre “Golden Clouds”. La presencia de Lee Scratch Perry en formato spoken word en todo este entramado se intuye más como una muestra de respeto al maestro que como una auténtica necesidad musical. Basta con escuchar la última parte de los recitados que el jamaicano lanza en “Ball Of Fire” para comprobarlo: “Shubi dubi du bridu scooby doo bee do what I can do poo poo poo poo poo”.

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