The Only Place The Only Place

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Best Coast Best CoastThe Only Place

7.2 / 10

La chica que tituló su álbum de debut “Crazy For You” y cuya mejor canción nombró escuetamente “Boyfriend” quiere madurar con su segundo disco, “The Only Place”, dejar atrás esa adolescente para convertirse en una mujer hecha y derecha. Para ello Best Coast se ha hecho con los servicios de Jon Brion, habitual productor de películas indies como “Olvídate De Mí” o “Magnolia” y de artistas como Of Montreal y Fiona Apple. Su mano siempre se nota, pero nunca se pasa de la raya. Probablemente pocos tengan grabadas en sus memorias esas bandas sonoras, por estupendas que fueran, y con “False Priest” explotó del todo la vertiente bailable de los de Kevin Barnes sin alterar su genoma musical. En el álbum que ahora nos ocupa no se ha dedicado a introducir una compleja instrumentación ni mucho menos, simplemente a hacer que todo luzca más nítido, borrando del mapa todo rastro del lo-fi que había en las primeras grabaciones de Bethany Cosentino. Habrá a quien esto le parezca bien, vamos, las canciones objetivamente suenan mejor, se notan más trabajadas, pero otros opinarán que la principal seña de identidad de la banda californiana se ha ido al traste.

Líricamente, el disco dista mucho de mostrar esa madurez que se prometía desde la hoja promocional. En la canción titular Cosentino nos demuestra que sigue anclada en los mismos clichés de siempre. Abre con “We were born with sun in our teeth and in our hair / When we get bored, we like to sit around, sit around and stare” para más tarde insistir en lo bien que se lo pasa y que éste –California– es el único lugar en el que querría estar (discurso que repite en “Let’s Go Home”). En “Last Year” insiste en las rupturas sentimentales, un tema que vuelve a situarse como eje central de la narración. Beth canta sumisa en “No One Like You” que, por muchas trasterías que le haga su media naranja, –imaginamos que la cosa va claramente dirigida a Nathan Williams, de Wavves– no hay nadie como él. También trata el inconformismo desde una óptica más propia de una niña de 15 años que de una mujer independiente en “How They Want Me To Be”. La cosa se pasa de pastelosa en “Do You Still Love Me Like You Used To” donde deja caer versos como: “ When did my life stopped being so fun?” y “I’m always crying on the phone / Because you know that I’ll end up alone”. Acaso el único momento en el que se puede ver cierto atisbo de madurez, y tampoco es que sea para tirar cohetes, es en la nostálgica “My Life”, que trata sobre los errores que ha cometido en su vida ( “To go back in time / Make what’s wrong feel right”). Se entiende que todo esto es un guiño hacia esa música de los 50s y 60s que tanto le gusta, pero se le debería pedir más esfuerzo en un segundo disco y más cuando promete lo que promete.

Comprobado que en este aspecto la cosa no ha cambiado demasiado, queda por ver si se ha acertado escogiendo a Jon Brion como productor. La mejor manera de hacerlo es recuperando la versión original de la estupenda “Up All Night”, que incluyeron en un split 7” compartido con Jeans Wilder y editado por Atelier Ciseaux en enero de 2010, meses antes del boom Best Coast. Ésa es, quizá, una de las canciones con más factura lo-fi que han hecho los californianos, con la voz de Cosentino perdida en un mar de reverb. Dos años después es ponérsela y subir a los cielos. Los cristalinos rasgueos de guitarra acarician, la batería marca el paso sin apenas notarse y se incorporan unos sonidos de castañuela para adornar sutilmente la pieza. Con todos los elementos limpios, sin distorsiones, es cuando por fin se puede apreciar el talento de la californiana como vocalista.

Los cambios también se notan estilísticamente. Una escucha rápida a “The Only Place” podría llevarte a la conclusión errónea de que bien podría haber encajado en “Crazy For You”, pero esto es en realidad un surf-pop con ligeros toques country. También ocurre en “Better Girl”. Son cambios lo suficientemente pronunciados como para que cualquiera los aprecie, pero no tan radicales como para que la banda pierda su identidad. Cosentino y Bobb Bruno rebajan bastante el tempo en sus canciones y puede que alguno eche en falta los trallazos del debut, pero con preciosidades como “How They Want Me To Be” es fácil olvidarte de ello. Su gran virtud reside en evocar a Buddy Holly y otros grandes de la época con el mismo tino que lo han hecho en los últimos años Cults o She & Him. Con todo, hay momentos insípidos, como la anteriormente mencionada “Better Girl”, “My Life”, que se salva por la interesante inclusión de los violines, y la desaprovechada “Do You Love Me Like You Used To”. Por todo ello, el álbum deja una sensación agridulce. Aunque el trabajo de Jon Brion es para quitarse el sombrero, es inevitable pensar que los californianos han patinado ligeramente. Podían haber rendido mejor y han perdido buena parte de su habilidad de facturar himnos inmediatos con facilidad, en favor de explorar unos nuevos sonidos que no siempre son tan efectivos como deberían.

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