The North Borders The North Borders

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Bonobo BonoboThe North Borders

7.5 / 10

Sus más de 13 años de trayectoria, y diez al servicio exclusivo de Ninja Tune, parece que no han sido suficientes para hacer justicia con Simon Green. No importa que ya acumule cinco álbumes –más innumerables EPs y remezclas–: esa circunstancia parece quedarse sólo en el terreno de la estadística, en vez de pesar para otorgarle méritos como uno de los creadores más consistentes y longevos de la escena electrónica británica con gusto por lo orgánico. Los motivos del desafecto generalizado por Bonobo –compensado por el apoyo gigantesco de una minoría incansable de fieles– pueden ser varios, básicamente los referidos al lugar de donde viene y al lugar al que va, que le han ido dejando a lo largo de todos estos años en una tierra de nadie poco poblada. Sus orígenes hay que buscarlos en el sello Tru Thoughts y la escena broken beat, heredera de aquel acid jazz en el que antaño militara el sello Ninja Tune, cuando su sonido estaba en un lugar cercano a Bugz In The Attic y DJ Food, esas cadencias downtempo tirando a psicodélicas regadas con voces soul. Y su destino, construido disco a disco en tierras Ninja, parece ser el de mantener esa elegancia contra viento y marea (lo que para Bonobo es todo un gesto de honestidad y fe en su lenguaje), pero estratégicamente posicionado en las cercanías de otros productores con un discurso parecido. De modo que lo mejor de “The North Borders” es cuando Green sustituye su exquisitez downtempo por un empuje en el tempo, roto y housero, afín al libro de estilo de Four Tet. Así ocurre en la maravillosa “Cirrus”, primer single de un álbum editado en Inglaterra en abril y que a España ha llegado a las tiendas (a las pocas tiendas que quedan) con un retraso de un mes. Pero este posicionamiento tardío en nuestras estanterías no debe ser la excusa para sepultar un disco con momentos memorables como el que acabamos de citar. “Cirrus”, como más tarde ocurre con “Don't Wait”, se filtran por los poros de la piel con una combinación letal de voces emocionantes, trabajadas a pellizcos en samples cortísimos, y ese ritmo roto, que no se sabe si es dubstep, house o drum’n’bass a una cadencia perezosa, que se inventó Kieran Hedben en “There Is Love In You”. Un poco antes, en “Sapphire”, la referencia es incluso más arcana –me recuerda a Sepalcure, o a ciertos momentos de Joy Orbison en sus inicios–, y en “Know You” claramente se nota la inspiración del último Burial. En estos momentos en los que parece brillar más el sonido y subir la tensión emocional, es cuando “The North Borders” se gana los galones para ser considerado como el esfuerzo más logrado de Bonobo hasta la fecha; al menos un disco que consigue encajar la pertenencia a un momento interesante en el clubbing británico –el mismo que comparte con Floating Points, otro adicto a los beats flexibles y la ética downtempo–, pero sin por ello perder su identidad.

Porque si se busca la destilación del soul en piezas de elegancia lánguida, como siempre ha sido en Bonobo, hay momentos para enmarcar, como una colaboración con Erykah Badu ( “Heaven For The Sinner”), un final dulcísimo en forma de “Pieces” (con Cornelia) y el comienzo con “First Fires”, con Grey Reverend (The Cinematic Orchestra) adaptándose como un guante de seda a los arreglos semi-orquestales. Es interesante la ubicación de esta canción en el inicio: indica que Bonobo no se toma “The North Borders” como un disco de transición hacia tempos más subidos y producciones más sintéticas; a lo largo de todo el trabajo hay violines resplandecientes que aparecen cuando menos se los espera y todo el procedimiento de producción de los mejores títulos trip-hop de la época dorada. Pero a la vez, Simon Green nos dice que sigue creyendo en lo que hace, y que del mismo modo en que su futuro va sujeto al de productores más jóvenes capaces de innovar, también nos dice que él reclama su lugar como inspirador y coetáneo de todos los que hoy consiguen titulares y noticias al cobijo de la etiqueta ‘beatz’. Básicamente, Bonobo insiste en que sin él nada de todo esto hubiera sido posible, y firma un disco omnisciente que le sitúa convenientemente como inspirador, coetáneo y futurista. Un disco que pide, como se decía al principio de todo, que se haga justicia con él y, en particular, con este “The North Borders” delicioso.

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