The Night’s Gambit The Night’s Gambit Top

Álbumes

Ka KaThe Night’s Gambit

8.6 / 10

La gran diferencia entre el Ka que publicó “Grief Pedigree”, su segundo álbum, y el que lanza este “The Night’s Gambit”, se reduce a una cuestión de estatus y celebridad. Gracias al impacto que causó su anterior disco, fruto del boca-oreja y de la efusividad con la que la crítica especializada lo recibió y presentó al mundo, el MC y productor de Brooklyn pasó de ser un producto delicatessen y ultraminoritario para exploradores del underground y sibaritas del rap de la Gran Manzana a erigirse en abanderado junto a Roc Marciano de una metaescena dentro del género dispuesta a revolverle las entrañas al hip hop desde la vertiente más radicalizada, ascética y rigurosa posible. “Grief Pedigree” constató hace un año la viabilidad de un rap de autor que se caracteriza por la exposición clínica, casi en formato de crónica periodística, de la vida diaria en el gueto y de las contrariedades morales y personales a las que se enfrenta constantemente un buscavidas.

En “The Night’s Gambit” nada o casi nada ha cambiado. Ka insiste en tres vértices expresivos indispensables para comprender la singularidad de su discurso. En primer lugar, la utilización de un telón de fondo musical ajeno a cualquier corriente de opinión, tendencia o conexión con la actualidad del género. En calidad de rapper que se autoproduce y que conoce perfectamente sus propios recursos, el de Brooklyn piensa y orquesta la mejor banda sonora posible para sus relatos, su estética y su universo emocional, y en esa descripción no tiene cabida ni sentido acogerse a ideas, dejes y mecanismos convencionales, acomodados o de sonoridad agradable para el oyente medio. Aún más austero y minimalista que en “Grief Pedigree”, el sonido Ka en 2013 prescinde casi por completo de los beats –y cuando los utiliza huye del 4x4 y de los breaks predecibles–, fundamenta toda su fuerza en samples de funk oscuro y lo supedita absolutamente todo a la atmósfera, aquí incluso más decisiva que en sus dos predecesores. El disco no se permite licencias ni ofrece tregua alguna, y tan solo en puntuales destellos melódicos de asombrosa clarividencia –pienso en “Jungle” y en “30 Pieces Of Silver”, dos monumentos, dos de las mejores producciones que escucharemos este año– Ka deja que entre algo de oxígeno y aire a una propuesta irrespirable, por difícil y poco o nada complaciente con el resto del mundo.

En segundo lugar, Ka reincide en lo que mejor sabe hacer: contar historias. Historias reales, pero no porque el contenido de las mismas sea más o menos fiel a sus vivencias, sino porque sabe cómo dotar a sus canciones de la seriedad, rigurosidad y fiabilidad necesarias para que estas nos parezcan auténticas, episodios creíbles y veraces de su día a día. La portada, que nos muestra un tablero de ajedrez, constituye imagen gráfica y metafórica de lo que una vez dentro se nos cuenta: la supervivencia, el hustling y los dimes y diretes de la rutina en el gueto como un juego de estrategia en el que no sobrevive el más fuerte o el más impulsivo, sino el que sepa mantener la cabeza fría y en todo momento controle sus movimientos y las consecuencias que estos pueden acarrear. “The Night’s Gambit” tiene la obsesión de no exaltar el relato y de ceñirse a los hechos, en un ejercicio de depuración y contención expresiva que choca frontalmente con la actualidad del género, empeñado en exagerarlo y glorificarlo todo. Ka deja claro en canciones como “Knighthood” o “You Know It’s About” que su visión del MC no tiene mucho que ver con la de la gran mayoría de sus compañeros de gremio, y que su función está más cerca del notariado de una realidad, con su crudeza, simpleza y poco glamur, que del nuevo Hollywood negro en que se han convertido algunos discos. Rimador preciso, creador prodigioso, cronista incorruptible, Ka es la quintaesencia del renacido hip hop neoyorquino, y “The Night’s Gambit” es el testimonio más simbólico y reconocible de ello.

Y tercero: la voz, el flow, la puesta en escena. También acorde a la sonoridad y la temática de sus canciones: tono pausado y concentrado, casi de ascendencia zen, en consonancia clara y deliberada con las características de su propuesta. Incapaz de alzar la voz a lo largo y ancho de todo el disco, Ka mantiene intacta la estética de sus dos anteriores discos, ese flow templado y nocturno más propio de un maestro sabio que de un rapper que se gana las judías en las esquinas, y demuestra que no es necesario gritar, chillar y recurrir a efectos vocales para impresionar o conmocionar al oyente. Los fuegos de artificio para hipsters hay que buscarlos en otros discos, no aquí: en estas canciones la profundidad hay que buscarla y trabajarla, no es una colección de slogans; y la radicalidad no se genera a golpe de talonario, sino a base de lírica inspirada. Este año el hip hop nos ha dado y nos dará álbumes que levantarán más polvareda mediática y generarán más ríos de tinta; el mejor, de momento, se llama “The Night’s Gambit”.

Escúchalo en Google Play

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar