The Neighbourhood The Neighbourhood

Álbumes

Tokyo Sex Destruction Tokyo Sex DestructionThe Neighbourhood

7.3 / 10

Tokyo Sex Destruction  The Neighbourhood

BCORE

La fórmula es la misma, pero es que es inagotable. Por algo la nostalgia humedece casi todas las paredes del rock desde los 60. Tokyo Sex Destruction persisten en su inconfundible rock’n roll revival, batido sobre todo de garage, punk y soul, y les sigue funcionando a oídos, claro está, del que no exige concesiones en el rock ni busca en él ñoñerías, del que no cambia un gasolina por un diesel y prefiere una explosión a los fuegos de artificio. Lo peor que se puede decir de “The Neighbourhood”, séptimo álbum ya de los catalanes, es que en él no parecen dar un gran paso adelante. Lo mejor, que jamás dan un paso atrás ni pierden su nervio inicial, o al menos no de modo significativo. Bueno, eso y que cuenta con una inolvidable canción, “The Sounds From Your Soul”, que tendría que convertirse en un clásico desde ya, y sonar en todas las gramolas –perdón, reproductores digitales– de América, o al menos del Garraf.

Porque, si no fueran de Vilanova i la Geltrú, a estos chicos se les podría considerar una suerte de Franz Ferdinand a la americana. Con cierto parecido en la voz, igualmente fiesteros y frenéticos, revisionistas sin dejar de sonar modernos, TSD repasan a MC5, The Sonics o James Brown como los británicos hacen con los Beatles o The Smiths: sin perder un sello personal y con un sonido también –y aunque parezca paradójico- muy ligado a los tiempos que corren. Tal vez no tengan una personalidad tan diferenciada como sus primos segundos en el país, los vascos Atom Rhumba, pero se bastan con toda la caña que les queda por dar.

Banda, como tantas otras, con más prestigio en el extranjero que en España, TSD decidió para “The Neighbourhood” optar por una producción foránea, a manos del norteamericano Gregg Foreman, quien trabajó con Delta 72 y Cat Power, responsable además de los teclados del álbum. El resultado es un disco algo menos ruidoso, más melódico, evocador y con una más marcada influencia negra. La sincopada y vitalista “Dope And Love” (“nunca pienso en los días pasados” reza entre otras cosas el estribillo) pone al oyente en sintonía con el buen rollo general del disco en un arranque esperanzador. Los instrumentos de viento se abren paso en la siguiente “The Sounds From The neighbourhood”, combinados con maestría con un enérgico riff de guitarra final. Pero pronto llega el punto álgido del disco, con la tremendísima “The Sounds From Your Soul”, adictiva hasta las trancas y catapultada desde el inicio por un teclado sesentero. El estribillo, que ciertamente recuerda al Ain’t No Mountain High Enough, podría estar sonando horas sin aburrir; los cambios de tempo mantienen una agradable tensión con el teclado, que siempre manda. Para colmo, la historia de fe en el amor que hay detrás del temazo también tiene su miga. En “It Was In 1969” –fabulosa entrada con bajo, maraca, teclado y chu-chu-chus– resultan apabullantes los bruscos cambios de ritmo entre lo misterioso y la rabia. El disco nunca pierde fuelle y recupera momentazos con el falsete y el estribillo más comercial de “Cold Sweat” y con la incendiaria “Don’t Let My Hands Fall”, que arranca con primitiva percusión y psicodélica guitarra y acaba descontrolándose desbocadamente. Y, de regalo, una baladita acústica.

Germán Aranda

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