The Miners’ Hymns The Miners’ Hymns

Álbumes

Jóhann Jóhannsson Jóhann JóhannssonThe Miners’ Hymns

6.8 / 10

Jóhann Jóhannsson  The Miners’ Hymns FAT CAT

Bien sea por la influencia de unas imágenes a las que debe rendir cierto respeto y fidelidad, bien porque el compositor islandés haya querido romper con la dinámica discursiva de sus últimos tres discos, la verdad es que “The Miners’ Hymns”, banda sonora para el documental de mismo título de Bill Morrison, es la grabación más distinta e inclasificable dentro del universo sonoro y creativo de Jóhann Jóhannsson. Algo –estos incisos de cambio y búsqueda de nuevos rumbos– que ya se le pedía desde algunos círculos después de la publicación de “And In The Endless Pause There Came The Sound Of Bees”, su última referencia hasta la fecha, y que aquí parece haber explorado y transitado a fondo y con mucha intención. El problema es que, como siempre sucede en estos casos, las ansias de ruptura no dejan a nadie indiferente. A un servidor ni le han excitado ni le han decepcionado, simplemente le han provocado cierto aburrimiento y distanciamiento, como si la película no fuera del todo con lo que podríamos esperar de un autor de sus dimensiones.

Así, quien espere nuevas epopeyas cinemáticas de progresión ascendente, arreglos orquestales monumentales y dramas emocionales de diez minutos se quedará algo contrariado o extrañado con “The Miners’ Hymns”. Básicamente porque en esta ocasión el músico ha aparcado buena parte de los rasgos característicos de su fórmula expresiva para concentrarse en una dinámica de trazos más experimentales en que se produce un curioso traspaso de poderes. Aquello que antes casi parecía una revisión actualizada, digital y totalmente poderosa de los momentos más trágicos de Arvo Pärt o Gorécki ahora adopta tintes casi avantgarde, entre el dark ambient, la música concreta y el minimalismo, y uno se va con la sensación de que en este terreno Jóhannsson resulta mucho menos brillante, inspirador y emocional que cuando inventa nuevos caminos y abre puertas para el espectro neoclásico.

De hecho, es en la pieza final, la maravillosa “The Cause Of Labor Is The Hope Of The World”, y después de muchos minutos de tránsito casi anodino, donde el seguidor ortodoxo del islandés se reencuentra con la esencia más reconocible de su propuesta y donde todo vuelve a recobrar normalidad y más sentido. Casi ocho minutos en espiral, esta vez sin la necesidad de recurrir a estallidos climáticos, para dibujar un crescendo de rotunda emotividad que aporta algo de intensidad y luz a un contenido que, en líneas generales, se muestra frío, críptico y voluntariamente esquivo.

David Broc

The Cause Of Labour Is The Hope Of The World

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