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7 / 10

OSTGUT TON

Viajes a los confines del universo a través de agujeros de gusano. Naves gigantescas de necromongers cruzando la nebulosa de Magallanes en busca de mundos que fagocitar. Cuerdas cósmicas cortando el tejido espacio-tiempo en el vacío como si fuera mantequilla. Luke Slater ha cogido su bajel galáctico y le ha dicho al piloto aquello de “conduzca”, pero en el sentido contrario a las agujas del reloj. La cuestión es volver a las fantasías sci-fi que los primeros colonos del intelligent techno esparcieron más allá del sistema solar a principios de los 90. Para ello, nada mejor que recurrir a uno de sus alias más celebrados y emprender el vuelo una vez más hacia la última frontera.

Activa desde 1993, casi nada, Planetary Assault Systems es una carrocería que no se oxida con los años, antes al contrario, ha ido ganando brillo y notoriedad a medida que el techno actual se ha ido apartando de la cosmología y las reverberaciones más vintage. Pero Slater no es ningún pajarillo sujeto al viento de las modas. Más de 20 inviernos en la brecha electrónica le han dado a este polifacético productor un bagaje y una pausa que para sí quisieran los nuevos gatos. Pocos le achacan sus patinazos, que los ha habido, y es que cuando el británico se pone manos a la obra, como es el caso, consigue resumir casi tres décadas de música avanzada con enorme maestría y conocimiento de causa.

Con los restos del notable “Temporary Suspension” (Ostgut Ton, 2009) todavía entre las muelas, nos enfrentamos ahora al segundo trabajo del Slater más cosmonauta para el sello berlinés. Uno tiene la sensación de que el Berghain flavor ha dejado cierta huella en su etapa alemana, se nota, pero el trazo del británico queda muy por encima de contagios musicales. P.A.S. recupera el sabor genuino de la electrónica cósmica y el techno dub más ártico, y retuerce el cuello de la bestia a su gusto. Como suele pasar en el sonido de este alias, el dancefloor más rugoso y las ensoñaciones pesadillescas en clave de ambient galáctico son las variables fundamentales de esta compleja ecuación.

La contemplación alienígena, los paisajes congelados al cero absoluto, el frío espacial y las matemáticas cerebrales definen la cara más planeadora del álbum. Las campanas espectrales, el trote amortiguado y la electricidad contenida de “Bell Blocker” así lo atestiguan. También los puzzles IDM y el dub techonide de “Call From The East”. Y el burbujeo a lo Mouse On Mars, el sónar marciano y las suaves tormentas industriales de “Motif”. Y los alucinantes goteos electrónicos de “Human Like Us” –no se puede ser más cósmico, por Dios, ¡parece el puente de mando de una nave klingon!–. Diría que casi me gustan más las inmersiones en aguas experimentales que las rocas negruzcas de baile ruidista que también pueblan el disco. De todos modos, animaladas como “Rip The Cut”, con su barullo maquinal, bombo luciferino y subidón atenazador, o “Kary Squid”, un back to basics con guiños constantes a Detroit y repeticiones obsesivas de loops, también dejan claro que este veterano productor y DJ todavía tiene muchísimo que decir en las pistas más oscuras de este, nuestro planeta. Luke: yo soy tu padre.

Óscar Broc

Planetary Assault Systems - Rip The Cut

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