The Magician?s Private Library The Magician?s Private Library

Álbumes

Holly Miranda Holly MirandaThe Magician?s Private Library

6.8 / 10

Holly Miranda  The Magician’s Private Library XL RECORDINGS / POPSTOCK!

La verdad es que Holly Miranda era artísticamente erótica viéndola cantar en su otra banda, The Jealous Girlfriends, que aunaba con éxito su voz áurea con un discurso indie-rock y a ratos experimental con trazos progresivos y guitarras mandonas a lo Sonic Youth. Además, Alex Lipsen –productor y/o ingeniero en discos de (agárrense) TV On The Radio, Son Volt y Yeah Yeah Yeahs– formaba parte del dúo original y, por si fuera poco, una de sus canciones salió en la serie de televisión The L Word. Así que lo tenían (y tienen aún) todo para triunfar y terminar de arrancar sus carreras con unos cuantos discos más, si todo iba bien, y ganar rodaje, explorar nuevos panoramas sonoros, hacerse un hueco entre sus referentes, etc. O sea, ser unos buenos chicos y hacer lo que les tocaba. Sin embargo, la banda se deshizo y Holly Miranda pensó “ésta es la mía”, y se puso a componer como una loca y a toda prisa, y después de un antiguo debut autoeditado ( “High Above The City”, 2001) sacaría la promo de su nuevo disco en forma de un EP titulado “Sleep On Fire” a mediados de 2009, y después de compartir gira con The xx se juntó con lumbreras como Dave Sitek (cofundador de los ya mencionados TV On The Radio) y Katrina Ford (hilo conductor de Celebration) para sacarle brillo a este LP.

Podíamos esperar, a partir de estas jugosas premisas, un trabajo de debut poderoso, inquieto y mestizo, pero en su lugar chocamos con algo sorprendente. Y no es que el dream pop sea un invento de los dosmiles. De hecho, su mejor etapa ya pasó (a la espera, al menos, de que la Nube Humana de Algodón de Azúcar que es Hope Sandoval vuelva a los estudios como dios manda, poniendo a todos en su lugar). “ The Magician’s Private Library”, el trabajo que nos ocupa (y posiblemente título descartado por J. K. Rowling para un octavo libro de Harry Potter), es un compendio de efectos sonoros que buscan ahuyentar el estrés y acariciar oídos. Lo habíamos experimentado con el grupo de Sandoval, Mazzy Star, y con toda la legión de replicantes, muchos de ellos (o ellas, pues son mayoría), prácticamente sombras en la pared en las tiendas de discos, como por ejemplo Sol Seppy o Klima, por decir un par. Lo cierto es que al dream pop hay que exigirle un esfuerzo adicional, además de la energía electrostática, para que al oyente se le queden imágenes en la retina y el disco no se convierta en música para ascensores. Holly Miranda lo intenta con un un inicio-single titulado “ Forest Green, Oh Forest Green”, canción de reloj de cuco con un final interpretado al revés (efecto curioso, aunque muchos otros ya lo habían hecho antes, como, por poner un ejemplo kistch, Mike Oldfield en “ Daydream”), que junto con “ Everytime I Go To Sleep” forman ambas un aura electrónica infantiloide muy resultona y pegadiza. Y la artista también salpimenta con notas discordantes una convulsa “ No One Just Is” y una animada “ Sweet Dreams” para darle al disco las gotas del antídoto que impedirán que se decante más de la cuenta por lo ambiental. Y a pesar de las oníricas y envolventes “ Waves” y “ Joints”, cuya producción es excelsa y que hacen de bisagra entre las canciones de cuco y las ajetreadas pop, hay un resto constituido por la banda sonora de “Abyss” (“ Slow Burn Treason”), el puro new age de “ Canvas”, la coja “ High Tide” y la conclusiva “ Sleep On Fire”, lastradas por la repetición de “oehs” y “aehs” de Miss Miranda y el desarrollo melódico, el ahogo (ahora sí) de la producción, y un halo misterioso con problemas de autoestima que no pasaría el cásting de Hitchcock.

En éste ejercicio de pseudo dream pop echo de menos una melancolía orgullosa como ideología política y una electrónica un poco más desatada (tal vez como la de Cortney Tidwell). Aunque no hay que olvidar que es, prácticamente, un primer disco (el autoeditado no cuenta), y como carta de presentación, aunque titubeante, no deja de ser como un menú de degustación: descubres nuevos sabores y te gustan casi todos, aunque acabas con hambre de más.

Jordi Guinart

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