The Long Shadow Of The Paper Tiger The Long Shadow Of The Paper Tiger

Álbumes

Mahjongg MahjonggThe Long Shadow Of The Paper Tiger

8 / 10

Mahjongg, The Long Shadow Of The Paper Tiger K RECORDS

Mahjongg es de esas bandas que mola que te molen. Uno de esos combos que resucitan a un muerto una vez ponen el pie en el escenario de cualquier festival que apueste por tirar de propuestas más o menos raras, más o menos personales. Festivales que los acogen en medio mundo, ya que en su Chicago natal no parecen tener sitio (ni de gozar de mucho tirón, por otra parte). Una banda de esas que hacen de la sobada descripción “incendiaria” algo más que un tic periodístico. Desde las cavernas del underground los tipos han cocinado una olla podrida infalible que ellos mismos han denominado “chicagotronics”, término entre destartalado y desprejuiciado que se han sacado de la manga de la camisa –que no deben vestir ni en las bodas– para denominar ese sonido tribal y balsámico que hace del baile un medio de curación y de redención. Así lo acreditan allá por donde pasan, dejando complacido y exhausto al personal: baile, baile y más desenfreno. Eso sí, acercarse a ellos es difícil y requiere de un esfuerzo cognitivo apreciable. No requieren de lumbreras al otro lado, más bien de tipos como ellos, conectados con el subconsciente, con la gruta insoldable de nuestras emociones y sentimientos: como caminar por encima de brasas ardiendo con las plantas de tus pies descalzos como única plantilla.

Su música, sobre todo en vivo, te sitúa justo en frente de tus miedos. Esos mismos que debes traspasar algún día si quieres acabar reconciliado contigo mismo. Afilan las lanzas del neoprimitivismo una vez han pactado las condiciones mínimas con el diablo. “Bailad, bailad, malditos” parece ser el lema de su directo, que debería verse en el mayor número de lugares posibles ahora que tienen calentito este “The Long Shadow Of The Paper Tiger”, un auténtico tour de force para aquellos que ya se engancharon a “Kontpab” (álbum que les dio el empujón que necesitaban para hacerse un hueco en el corazón de una nueva legión de fans). Este trabajo les aleja más si cabe de otras propuestas en paralelo algo más populares como !!! o Out Hud, emparentadas con el post-punk bailable. Pero ellos suenan más personales y, por tanto, menos revisionistas que la melaza general. Es decir: no entran en ningún chart, no tienen sitio en las pistas de moda (de momento, igual después de este álbum con un poco más de espacio sí que cuentan, los caminos del “pelotazo” son inescrutables).

La fórmula de Mahjongg pasa por una papilla sónica apoyada en la percusión y unos sintes que parecen más afilados en otros discos. Una argamasa que consiguen gracias a una ráfaga formada por pequeñas esquirlas de sonido que se van superponiendo hasta alcanzar notas de paroxismo caleidoscópico. Además, en este disco han abierto la puerta a infinidad de colaboraciones al micro que, gracias al milagro de la post-producción, dotan al conjunto de una coherencia más que aceptable. A partir de ese sudoku musical y vocal no dudan en pasearse ataviados únicamente con un taparrabos por el R&B contemporáneo, el post-punk descerebrado pero con coartada social, el drum & bass anfetamínico –sobre todo apreciable en el rush final de su tema “Grooverider Free”– o el últimamente algo manido afro-pop –igual el tirón coyuntural de otras propuestas parecidas les ha ayudado a agrandar el pelotón de seguidores–. Sus temas, además, se encauzan en la línea de la canción protesta que habrá a quien le dé grimilla y a otros el empuje necesario para acercarse a ellos. Hacía tiempo que el baile frenético no se agitaba con fuerza en una ciudad tan bailonga como Chicago. Ya era hora. La danza de los malditos is in da house. David Puente

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