The Logic Of Chance The Logic Of Chance

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Dan Le Sac vs Scroobius Pip Dan Le Sac vs Scroobius PipThe Logic Of Chance

6.9 / 10

Dan Le Sac vs Scroobius Pip  The Logic Of Chance SUNDAY BEST

El eximio Francisco Ibáñez dibujaba a los tarados con una simbología que se ha aceptado con el paso del tiempo como válida en el imaginario ibérico: sombrero de Napoleón hecho con retales de periódico, ojo pollo y embudo en la boca a modo de trompeta. Dan Le Sac y Scroobius Pip parecen hechos a la medida de esta simple y genial imagen creada por el padre de 13 Rue Del Percebe. No aprecias en su universo musical una sola partícula de coherencia; se mueven de forma errática, lanzando berridos incomprensibles, sacando la lengua, soplando un embudo y haciendo el baile del suki-suki de Marron. Pero muy bien, cuidado. Ni esquizofrenias, ni pajas mentales inaccesibles para el público. La locura, en su lenguaje binario de hip hop acelerado y electro macarra, es un estado mental de constante diversión y chascarrillo. Como una viñeta de Chicha Tato Y Clodoveo: De Profesión Sin Empleo. Como el loco que nos describía Ibáñez, tirándose pedos e imitando a Bigote Arrocet ante una audiencia entregada.

Con el injustamente vapuleado “Angles”, pero sobre todo con el memorable single “Thou Shalt Always Kill” para Sunday Best, el dúo británico consiguió llamar la atención en los pastos british merced a una fórmula que aunaba pedorretas electroides, rap alucinógeno, folk fumado, ritmos electrónicos con Parkinson y verbo con acento de Essex. Una fórmula que su ideólogo musical ha conseguido abrillantar todavía más en este excesivo y adorable “The Logic Of Chance”, aunque sin perder, eso sí, el componente de enajenación lisérgica, es decir: el sombrero de Napoleón hecho con papel de diario. Aquí el héroe del manicomio es Dan Le Sac, el arquitecto encargado de dar forma a los mundos musicales del dúo e imprimir en cada tema el auténtico sello que define al proyecto. Me encanta el mejunje raver que se marca en “Sick Tonight”, invocando el sarro fiestero y la axila rancia de los Prodigy primigenios. En “Cauliflower” la cosa se va de madre en una aparatosa mezcla de wonky, indietrónica y Café del Mar que es como las cortezas de cerdo: huelen mal, pero están cojonudas. “Great Britain” pone al descubierto el lado más bailable de Dan Le Sac, esto es: italo a toda leche, electro rabioso, base de house para adolescentes drogados y tira millas. Lo mismo para la barroquísima “Stake A Chaim”, pura psicodelia ochentera con más sintetizadores gáyeres que la discografía entera de Nick Kamen. También acierta cuando saca la aguja y se dedica a zurcir parches de garage, recortes de italo y trapería hardcore: “The Beat” es un corte directísimo, rabioso, no apto para bocas con gingivitis. Los resultados musicales son deliciosamente festivos y a veces hasta demasiado chotas: atención a “Snob”, una mascletá de drum’n’bass hipercelarado que da hasta risa.

El problema para los haters es, sin duda, Scroobius Pip, un MC que gasta barba estilo profesor Bacterio –Ibáñez otra vez–, tiene pinta de ser el típico moderno que no se ducha –ahora está de moda oler mal entre los anoréxicos y diseñadores gráficos– y, tal y como se le reprochó en “Angles” –recuerdo una crítica sangrante de Pitchfork con un 0,2 de nota–, intenta ir de listillo arreglamundos. Quede en su descargo que los rappers británicos son casi todos lamentables, patéticos, grises, sin sustancia, y el pobre tipo no iba a ser menos. Y, qué coño, para un oyente español lo que diga el tipo resulta accesorio a menos que uno se dedique a leer y traducir concienzudamente las letras. Haría falta mucho tiempo libre para dedicarse a semejante gilipollez, pero los que lo hagan comprobarán que hay muchos cortes en los que Pip directamente sobra y otros en los que sus letras son más sonrojantes que un jalapeño en el ojete. Yendo al grano: un disco musicalmente pirado y estimulante, pero con un rapero techno que sobra, va de bueno, no tiene voz, no parece usar jabón a menudo y no se afeita, algo que en los últimos mese me repugna sobremanera –lo del olor y la barba, especialmente; parece que la modernidad ahora, insisto, radica en pasearse por el mundo como un homeless–. Si la nota pudiera dividirse, Dan Le Sac aprobaría con laureles, aunque tampoco ofrezca un aspecto muy aseado, pero Scroobius tendría que ir a septiembre previo tirón de orejas y reglazo en las yemas de los dedos. Vaya, que si “The Logic Of Chance” hubiera sido instrumental, pues mejor.

Óscar Broc

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