The Law Of The Playground The Law Of The Playground

Álbumes

The Boy Least Likely To The Boy Least Likely ToThe Law Of The Playground

7.5 / 10

The Boy Least Likely To The Law Of The Playground ROUGH TRADE / POPSTOCK!

Los pajaritos cantan, las nubes se levantan. Y qué lastima, oigan, que no haya una tradición de músicos que canten por y para los niños, alejados del mundo infame y siniestro del circo, que carezcan de tonterías absurdas, lastimeras y autocomplacientes, que no traten al niño como si fuese un ser disminuido, conscientes de éstos son los seres más crueles, e inocentes a la par, que pueblan este raro mundo. En el cine ya tenemos a Pixar, pero, ¿en la música? Gente como Raymond Scott ya le hicieron nanas con sus sintetizadores primigenios, y toda una pléyade de artistas electrónicos ( Pram, múm, Psapp, Tunng, Isan, Vector Lovers, I Am Robot and Proud...) se visten de preescolar y se sumergen en una suerte de pastoral devenir en el que la hierba, la candidez, el ritmo de juguete, se dan la mano de una cierta oscuridad asumida, terrible como lo es la infancia.Y llegan The Boy Least Likely To, un combo inglés que ya sorprendieron a la escena indie mundial con un primer disco, “The Best Party Ever”, colección de postales impregnadas por un júbilo incandescente, joie de vivre que fue rechazado por los prejuiciosos de siempre, que no saben valorar la calidad y dificultad que supone realizar una melodía sencilla, pegadiza e inmediata. Con este “Law Of The Playground” (un título que es toda una declaración de intenciones), además de glorificar la felicidad a través de la estupidez (pura ironía, a tenor de la orfebrería detallista de la que presumen sus canciones) siguen los esquemas del anterior: gozosos caramelos rellenos de arreglos chispeantes, que bien se pueden emparentar con el twee pop, el folk menos pagado de sí mismo, canciones repletas de glockenspiels, violines, sintetizadores de psicodelia de jardín de infancia, y estribillos inmediatos. A esto le unimos una portada deliciosamente naif (si en la portada del primer disco un grupo de animales de trazo amateur se disponían a tocar sus instrumentos musicales, en este, un extraño ser rojo montado en un tanque cuyo cañón, que es en realidad un desatascador, nos mira con cara desnortada), títulos de canciones que valen su peso en oro ( "When Life Gives Me Lemons I Make Lemonade", "Every Goliath Has Its David", "The Worm Forgives the Plough") y que son una invitación a disfrutar, ya, de la primavera que aún está por venir. Cojan a sus sobrinos, hermanos pequeños, invítenles a una buena merienda llena de refrescos sin gas y enchufen el disco de The Boy Least Likely To a un volumen relajado. Tendrá el éxito asegurado, y se dejará de payasos que, aparte de malrollistas, son caros.

Antonio Bret

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