The Keychain Collection The Keychain Collection

Álbumes

Gang Colours Gang ColoursThe Keychain Collection

8 / 10

El intimismo y la desazón no son sólo patrimonio del guitarrista pordiosero o del anacoreta folkie. De hecho, mientras granjeros barbudos agotan las posibilidades de un discurso rupestre y, a mi modo de ver, exhausto y reincidente, en el otro polo del planeta los nuevos genetistas digitales operan bajo las mismas coordenadas espirituales, pero con un armamento mucho más excitante. Estos jóvenes metabarones tienen la clave evolutiva de un romanticismo musical que, después de ser sometido a una cuidadosa manipulación de ADN, parece congeniar como nunca con la tecnología futurista y el esoterismo electrónico.

Gilles Peterson lo sabe mejor que nadie. Por eso sacó del anonimato al joven Will Ozanne y le permitió foguearse en su sello Brownswood con el aplaudido EP “In Your Gut Like A Knife”. Se habló de Floating Points y de Four Tet. Y no fue en balde. En aquel trabajo publicado el año pasado se adivinaban destellos de un talento incandescente que ha entrado en fase supernova gracias a la tristeza mercurial elevada al cubo del LP que nos ocupa, un majestuoso y delicado ejercicio de estilo que eriza vellos desde el primer hasta el último acorde.

Esqueletos garage, graves que rebotan en eco, sombras de dubstep diluidas en tazones de pop líquido, soul cibernético para veranos tristes: Ozanne pellizca con delicadeza todas las nalgas del underground británico, pero se excita también con los efectos tostados de la psicodelia californiana –construyendo delicados muros de sintetizadores que reverberan en tu paladar una vez deglutidos– y con el allure derrotista del post R&B lloroso made by Drake. Y todo lo marca a fuego con líneas de piano desoladoras, pasajes vocales afectados y el freno siempre puesto en los bpms. Aflicción digitalizada para eternautas. Canciones tristes para skinyards existencialistas.

No hay concesiones, ni un mero asomo de lo que podría siquiera intuirse como hit, Gang Colours es una amalgama de instrumentación de cámara y electrónica invernal de ultimísima generación que busca el masajeo sostenido de las neuronas del oyente. Busca la atmosfera. Y la encuentra, vaya si lo hace. Cascadas de beats a medio camino entre el garage y la IDM se suman a lamentos espectrales y melodías sobrecogedoras en “Forgive Me?”. Pianos góticos que se repiten una y otra vez, percusión digital asincopada y tonadillas neblinosas de videoconsola en “Tissues And Fivers”. Post-dubstep construido sobre polirritmias sinusoidales y teclas perzosas que resuenan en la caja de ébano como fuegos artificiales para adornar un funeral en “Botley In Bloom”. Es como James Blake, pero con otra voz. Penumbra. Humo de tabaco rubio. Llovizna ácida en un álbum que podría haberse titulado “Chiba City Blues”. Oscar al mejor cyberdrama.

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