The Inertials The Inertials

Álbumes

Cristian Vogel Cristian VogelThe Inertials

7.6 / 10

Estoy perdido en este disco y va ser difícil encontrar una salida, un cono de luz que me indique cómo volver a la realidad que nos contempla. Los sintetizadores enfermizos, las melodías sepultadas en cemento y los sonidos arrastrados que surgen de la nueva obra de Cristian Vogel te conducen a un recoveco en el que no se cuela un solo fotón: oscuridad densa como el cuerpo del simbionte Venom. Imposible salvarse de ésta.

Hablar de Vogel nos llevaría siete páginas, de modo que basta con resumir su trayectoria apuntando que es uno de los productores de la generación de los 90s que mejor ha sabido sobrevivir a la madurez, y más en sintonía se ha mostrado con las nuevas apetencias electrónicas de la muchachada. Su carrera se mide a base de triunfos, ya sea en sus exploraciones primigenias en el techno más puro, en sus colaboraciones con otros artistas (el proyecto Super_collider, que compartía con Jamie Lidell) o en sus experimentos más recientes, probaturas que estallan como una bomba de racimo en nuestras narices en esta novela cybergoth.

El dusbtep comatoso de “Deepwater” es algo demencialmente bueno. “Dreams Of Apolonia” es una goma de difícil mascado: programaciones nerviosas, psicofonías, paladas de dub glacial, tensión a raudales. Los arrebatos de house extremófilo y los latidos enterrados en líquido amniótico de “Spectral Transgression” te curan el dolor de muelas. El electro mutante e industrial de “Seed Dogs” deja claro el grado de complejidad al que le gusta trabajar a Vogel: cuántos cambios, cuántas ondulaciones, parecen tres canciones en una. Y qué decir de “Snakes In The Grass”, un esputo de bass funk depositado en una refinería para su procesamiento.

Y hay candela hasta para los raritos de la clase. Los nueve minutos de “Moved By Waves”, con interferencias, ondas corruptas, muros de sonido y paisajes de ultratumba, demuestran que el chileno no sólo está en forma planchando ritmos imposibles, también sabe manejarse en terrenos de abstracción pura. La suite de teclados venusianos y atmósferas melancólicas de “Today Standard Form” recuerda a los Autechre más ambientales y completa una quiniela sorprendentemente acertada.

Lo que hace Vogel es emponzoñar las migajas del post-dubstep, destripar el bass con un machete oxidado, vomitar IDM infestado de pus y marcar a fuego, en el tímpano del oyente, una colección de graves y subgraves que hacen bombear los auriculares como si fueran los testículos de un toro en celo. A partir de ahí, crea un mundo propio donde las nuevas corrientes de la bruma británica adoptan formas extrañas y proyectan sombras grotescas en la pared. La clave es sobreproducir el invento; acumular capas y capas, amontonar pequeños detalles que se revelan al oyente después de varias escuchas, atiborrar sutilmente la receta hasta anular la capacidad de reacción de la víctima. Es un álbum espeso (en el buen sentido de la palabra), fantasmagórico, un grano que supura dub y sirve como perfecto hilo musical para una invasión alienígena. Mucha calidad.

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