The Hundred In The Hands The Hundred In The Hands

Álbumes

The Hundred In The Hands The Hundred In The HandsThe Hundred In The Hands

6.5 / 10

The Hundred In The Hands WARP

Ella es Eleanore Everdell, estudiante de musicología y ópera y colaboradora puntual de TV On The Radio, y él Jason Friedman, del grupo The Boggs. Holly Miranda les presentó hace un par de años, se enamoraron y decidieron empezar a tirar de su bombástica agenda de contactos para dar forma a un nuevo proyecto que soñaban flamante. En un momento en que los dúos chico-chica se llevan un montón, nuestros protagonistas se bautizaron en homenaje a la Batalla de los Cien Asesinados (1866), en la que los nativos americanos lakota mataron cerca de un centenar de soldados estadounidenses. Y, al contrario que otros grandes bautismos parejiles de la temporada (de Dominant Legs a Slow Club, pasando por Summer Camp y Sleigh Bells), la verdad es que su nombre no puede casar peor con sus tendencias y aspiraciones. Porque por lo que se mueren The Hundred In The Hands es por derrochar cosmopolitismo, nocturnidad y alevosía, o, como dicen al respecto de esa “Gold Blood” en la que parecen travestirse de Yeah Yeah Yeahs, por fusionar el espíritu Downtown con el del Uptown. Sí, sí, todo ansiedades en la city, coolness por un tubo, romanticismo y rascacielos; muy fácil de hacerse a la idea, o sea, pero no tan atractivo conectar del todo.

Al lado del también muy neoyorquino “Say It” de Born Ruffians, su debut es lo menos warpiano –y seguro que lo menos cerebral– que ha salido de la escudería de Steve Beckett en toda su historia. Jason se explica: según él, lo que más les llamaba la atención como grupo era la posibilidad “de mezclar elementos del directo con cosas más electrónicas, de hibridar producciones completamente diferentes”. Efectivamente, la mayoría de las canciones se centran en la confrontación de lo analógico y lo digital, nacidas y grabadas casi todas en casa para luego ser maquilladas con los potingues de la ristra de amigos productores. Jacques Renault, Richard X, Eric Broucek y Chris Zane tienen currículums excitantes, pero ni siquiera sus nombres logran elevar el listón de un álbum indolente y remolón al que se hace necesario forzar el volumen al máximo en varios pasajes para escuchar algo. Eleanore y Jason han querido meter aquí guiños a toda la música que escuchan (y escuchan mucha cosa: disco, dub, electro, R&B, ska, electrónica, reggae, hip hop, rock), pero parece que se les hayan traspapelado las directrices que dar a cada productor, y también las instrucciones que dictan “cómo terminar bien una canción”.

Así, el color de la –poca– sangre de este debut largo palidece frente al que mostraron este mismo año en el EP “This Desert”, un lanzamiento más primario y entrañable que incluía joyitas como “Tom Tom”. Y es que más vale pájaro en mano que ciento volando. “The Hundred In The Hands” comienza erótico, con Studio 54 en el retrovisor y los focos de “Young Aren’t Young” relumbrando a lo Moroder, pero se acabará desenmascarando sacarino, sin llegar nunca a cuajar del todo. Ni varios cafés junto a Blondie ni alguna que otra raya de falsa cocaína consiguen que la cosa suene tan cachonda como The Ting Tings ( “Pigeons”). La flojera de “This Day Is Made” y la abulia que achaca “Killing It” disparan los síntomas de que todo podría haber sido mucho mejor, mientras que “Commotion”, esta sí, provoca una ligera conmoción que, no obstante, lo único que consigue es que echemos de menos a The Long Blondes. Tras el arrebato de “Dressed In Dresden” –un tema resultón que han compuesto infinidad de bandas neo-rock en el último lustro, nada más– empiezan a soltar referencias a “La Jetée” de Chris Marker ( “Last City”) y al Mayo del 68 en una sugerente “The Beach” incapaz de escapar de Brooklyn y embrujada como el “Third” de Portishead. Aunque para entonces ya sonarán más snobs de la cuenta, a algo así como la-banda-sonora-ideal-de-la-muerte-para-ilustrar la caída de American Apparel. De ahí extraemos la moraleja para estos irregulares The Hundred In The Hands: marcarán moda, pero no son moda de marca.

Cristian Rodríguez

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