The Heart Of The Nightlife The Heart Of The Nightlife

Álbumes

Kisses KissesThe Heart Of The Nightlife

7 / 10

Kisses The Heart Of The Nightlife

THIS IS MUSIC

Como una postal sonora del anhelado verano, se nos presentan en sociedad Kisses con el biruji calándonos a marchas forzadas. Aunque por estas fechas ya no sea posible sentir calor a menos que cambiemos del hemisferio norte al sur, imagínense por un instante sobre una hamaca, pegándole lingotazos a una piña colada y dejando que el tiempo prosiga su ritmo perezoso, como cuando no hay nada mejor que hacer. Precisamente eso es lo primero que me pasa por la cabeza cuando oigo un álbum como “The Heart Of The Nightlife”, con sus nueve temas que recuerdan a banda sonora de un privée tropical. El dúo de Los Ángeles, formado por Jesse Kivel y Zinzi Edmundson, y que son pareja en la vida real, propone un proyecto que tanto puede estar hermanado con Hot Chip y Cut Copy como con la chill-wave o The Whitest Boy Alive, los reyes del baile de salón humanizado – “Kisses”, el tema, tiene un pulso funk que podría haber salido perfectamente del repertorio de Erlend Øye cuando dinamita la pista de baile–.

Kivel, que milita a su vez en la banda Princeton, es más sueco (en espíritu) que Jens Lekman y puede que ni lo sepa. Probablemente tiene la desdicha de haber nacido en un país que no le corresponde, algo así como un hereje en tierras del Tío Sam simpatizante de los ritmos balearic –como en la ya conocida “Bermuda”, incluida en uno de sus dos premonitorios EPs–. Aunque, de todos modos, esas letras, sencillas y directas a no más poder, quizás la mejor baza de la banda, no dejan lugar a la duda sobre su origen real: son testimonios de amores en la costa oeste americana, el verdadero hilo conductor de un debut que cumple a la perfección con su misión de transportarnos a parajes donde el sol tatúa, silenciosamente, los melanomas en la piel.

Mezclado por Andrew Maury de RAC, “The Heart Of The Nighlight” sufre, de todos modos, un considerable problema: su sonido se desinfla a medida que pasan los minutos por culpa de repetir un mismo patrón –cargado de medios tiempos tropicalistas del tipo “A Woman In Brooklyn” o “Women Of The Club”– que, más allá de la apacible y simpática primera escucha, no consigue calar con propiedad a largo plazo. Sólo brillan cuando emplean sus armas más conocidas, las que habían funcionado en los maxis, como el bastión disco titulado “Midnight Lover” –en algo se tenía que haber plasmado la conocida amistad entre Kivel con el legendario productor de french disco Alec R. Costandinos– o en “People Can Do The Most Amazing Things”, una canción que pasará a engrosar el interminable revival new wave con un brochazo de sonido oscuro más intenso de lo habitual. Y otro tema más en el que Kisses sacan petróleo: el eurodance orgánico de “Lovers”. De todos modos, ésta es sólo la primera piedra de su discurso. Les ha salido un disco más que apañado, por supuesto. Pero habrá que seguirles sigilosamente de cerca de aquí en adelante para corroborar si, más allá de temas con aroma a verano, los californianos pueden ir más allá en el futuro.

Sergio del Amo

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