The Haxan Cloak The Haxan Cloak

Álbumes

The Haxan Cloak The Haxan CloakThe Haxan Cloak

8.1 / 10

AURORA BOREALIS

“Un día, solo, ante este infierno de cenizas, de cigarros ya fumados. Solo, encerrado en esta habitación de metro ochenta y algo. Solo, ante esta huelga de corazones (…) Está lloviendo odio sin sangre camuflado en esta lluvia de verano. Y yo estoy aquí solo. El mundo se ha ido a ver la tele para olvidarse de todo lo que ha marginado. Para olvidarse de sí mismo”.

Si te suenan las frases de arriba es porque son parte de la letra de una canción de 713amor, uno de los grupos más descarnados, abrasivos y líricos que ha dado nunca el rock con seso y con tripas de este país. Y caprichos de la sesera, esas líneas vienen a instalarse de forma recurrente entre las sienes cada vez que suenan cortes como “An Archaic Device” o “The Growing”, dos de las ocho escenas misteriosas que conforman este primer trabajo largo del inglés Bobby Krlic bajo la capa de The Haxan Cloak. La sensación podría resumirse bien recurriendo al título de aquella canción de la banda malagueña: “Un día, solo, ante la puerta de mi cabeza”.

La de The Haxan Cloak es música cerebral y autista. Música que por momentos parece sólo imaginada; paisajes sonoros de apariencia mudable que a pesar de su intensidad parecen no existir en el plano físico, sino habitar sólo en la cabeza del que escucha. Y casi que podríamos decir de quien observa, porque las imágenes se suceden en todo momento. Los soundscapes electroacústicos de The Haxam Cloak proponen escenarios por la vía aural; escenarios inquietantes que Krlic rara vez se esfuerza en describir. Es como si a él le interesara más captar la vibración de un lugar, traducir al plano sonoro su relieve psicogeográfico, sus cambios de presión, sus corrientes telúricas, y menos representar cualquier tipo de acción que pudiera trascurrir en ese mismo lugar. En su música la vida humana apenas se respira. Se percibe sólo como un vestigio, o como un rastro lejano, huido, entretenido en algún otro lugar.

Krlic forma parte de esa nueva Dark Britannia de poso ocultista que parece acercarse al sonido como práctica mágica. Sus piezas buscan su razón de ser en el espacio de confluencia entre el ambient oscuro, el noise de filiación doom, el minimalismo neoclásico más agorero y un folk de regusto esotérico que parece aludir a ritos ancestrales y tradiciones paganas. Chelos, violines, grabaciones de campo, percusiones orgánicas, guitarras procesadas, ruido digital y manipulaciones vocales se funden en una argamasa sonora de tintes tenebrosos que seduce de forma extraña e insana.

Salvando las distancias, se podría afirmar el parentesco de The Haxan Cloak con proyectos de ayer y de hoy como Coil, Demdike Stare, Sunn O))), Raime, el Ben Frost de “By The Throat”, KTL o el doom contenido de Khanate, aunque en el mundo de Krlic se deja sentir de forma especial su bagaje clásico. En “Raven's Lament”, por ejemplo, las percusiones secas y las cuerdas graves, de frotación tensa y lenta, transmiten un humor cercano al trabajo orquestal del último Scott Walker o al Svarte Greiner de “Knive” (Type, 2006). Los golpes de caja aparecen envueltos en ecos de lejanía y los violines de voz temblorosa se entregan a un movimiento pendular lento y pesado, sólo violentado por la aparición de cuerdas excitadas que asemejan en su timbre a un enjambre de abejas borrachas. Todos los elementos aparecen dispuestos de acuerdo a un diseño sonoro meticuloso y preciso, de intención claramente espacialista, que puede traer a la memoria el trabajo reciente de Marcus Fjellström en Miasmah.

“An Archaic Device” comienza afilando la sensación de suspense a base de cuerdas cinemáticas, pero la canción se parte, reinventándose en su segunda mitad en una suerte de noise digital rugoso, granulado y con grumos, como el de Kevin Drumm o Henrik Rylander. En “Boring Torches of Despair” la acción se traslada al mar. La canción suena a barco a la deriva, a madera hinchada por el agua y a arbotantes forzados, a trabajos de urgencia en la bodega y a pérdida temporal de la razón representada por la radiación repentina de un drone sintético abrasivo. Por contra, “The Fall” es todo aire, soplidos procesados (piensa en Radu Malfatti y su trombón de escuela reduccionista) que poco a poco van siendo testigos de la elevación de un manto de voces corales que saben a visión mística, a flotar en mitad del cielo.

Frente a “Disorder”, uno de los pasajes más cercanos al drone-folk del álbum, “The Growing” representa la cara doom de The Haxan Cloak: lo que empieza sonando a ambient industrial, a la vibración amplificada de un cuarto de máquinas, se transforma en un corte pesado, puro apocalipsis metálico filtrado hasta la extenuación, que tiene tanto que ver con Radian como con los Techno Animal más ariscos o la fusión de grindcore y breakcore de Aaron Spectre en Drumcorps. Esas dos facetas conviven de manera más frontal en “Parting Champ”, el tema que cierra el álbum con sus temblores de cuerdas -esta vez apuntando al Este, a sus folklores-, sus ohms rituales y sus voces embrujadas agitadas por el viento. La sensación que queda es una mezcla de alivio, arrobamiento, inquietud y desconcierto.

En cierta manera, la alquimia sonora de The Haxam Cloak funciona como un gran espejismo; una ilusión aural que nuestra mente completa, interpreta y redimensiona hasta dar con una visión de magnitud muy superior a la suma de sus partes. Escuchar su álbum de debut es como despertar una mañana y no ser capaz de distinguir entre “lo real” (lo efectivamente vivido) y “lo imaginado” (lo soñado). Vuelves a darle al play para revisar tus percepciones, y vuelves a sentirte solo, ante la puerta de tu cabeza.

Luis M. Rguez

“The Fall”

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