The Ghost Who Walks The Ghost Who Walks

Álbumes

Karen Elson Karen ElsonThe Ghost Who Walks

6.3 / 10

Karen Elson  The Ghost Who Walks XL RECORDINGS

En una canoa en mitad del río Amazonas, un chamán casó, una buena tarde, a Jack White y a la supermodelo Karen Elson. Y por mucho Jack White que incluyamos en la ecuación, esta escena me sigue pareciendo sacada de una versión romántica de Indiana Jones. Pero se supone que cuando escuchamos un disco no hay prejuicios, ni pasados oscuros, ni caras, ni contratos de agencias tipo Beatrice Milan o Viva Paris. Aunque nunca lo podemos evitar, ¿verdad? Un disco es la música que contiene y la realidad social que le acompaña es su envoltorio. Así que, para empezar, y muy a pesar de la señorita Elson, vamos a tener que leer comparaciones odiosas con otras grandes damas actrices/modelos/sucedáneos que se metieron a cantantes (pueden consultar los anuncios publicitarios andantes que fueron los discos de Carla Bruni o Scarlett Johansson, o las aventuras más respetables en que se ha metido Zooey Deschannel con She & Him, por ejemplo y entre muchos otros casos). Y es que esto no es solamente una realidad: parece una industria. Podríamos llenar una enciclopedia con actores/actrices saltando el charco (en ambas direcciones) y cayendo de lleno en el mundo de la música. Algunas, como Natalie Imbruglia, no han recibido apoyos artísticos verdaderos hasta ahora (con las canciones que le ha escrito expresamente Chris Martin), y otras, como Deschannel, se han sabido juntar con luminarias como M. Ward (hagas lo que hagas con este señor, saldrá del color del oro y oliendo a Chanel Nº 5). En el caso de Karen Elson, ha aprovechado que su marido es quien es y le ha hecho producir entero su debut discográfico “The Ghost Who Walks” (el título, no se lo pierdan, es un mote que tenía ella de pequeña), le ha hecho tocar la batería, y ella se ha reservado la composición, una composición que a veces flaquea, y a veces es tan potente que asusta.

En realidad, Karen Elson asusta solamente en los tres primeros cortes, tres guantazos de ultratumba con mucho estilo que hacen que pensemos en una mezcla entre Shivaree y Amy Winehouse (en el caso de “The Ghost Who Walks”), en Nancy Sinatra musicando una película de Tarantino (en “The Truth Is On The Dirt”), y nuevamente en Shivaree con aires retro en “Pretty Babies”. Un trío de cabaret pop tan bien llevado que da miedo. Parece casi una herejía que una mujer con cara de escoba que proviene del Mundo de las Carnes Fláccidas dé en la diana en su primer intento, y vestida como va en la portada, con un modelito de pasarela en plena nocturnidad pro-licántropa.

Por desgracia, en “Pretty Babies” ya hacen acto de presencia los acordes de guitarra alargados hacia las notas altas y que se tocan en grupo, generando aquel sonido tan particular del estilo americana y que a veces recuerda el pitido dulcificado de un tren en la lejanía. Es el único aviso de Miss Olsen para lo que se nos viene encima a continuación: un ejercicio agotador de estilo country mainstream con sus baladas de rigor y sus tópicos y sus letras, algunas veces de manual para principiantes. Lo vemos en “Lunasa”, una balada a cinco pasos de un John Wayne crepuscular, en “Stolen Roses”, un atentado contra la imaginación donde incluso adivinamos la melodía a partir de los acordes, “The Birds They Circle”, que utiliza el recurso de elevar una octava la melodía y repetirla y venderla así como una evolución armónica (es algo que ya hemos oído antes millones de veces y en discos por lo general malos o muy malos), en “Mouths To Feed” (el título lo dice todo y sobran las palabras) y en las letras penosas de “The Last Laugh” que hablan de protección cuando las estrellas en el cielo desaparezcan, y que dan más repelús que ver a Falete en bañador.

El séptimo tema, “Cruel Summer”, y su melodía del medio oeste con la banda local itinerante reunida en plena noche alrededor de un fuego crepitante, son el perfecto resumen de un disco pobre que no puede sostenerse a pesar de las correctas “A Thief At My Door”, el empaque sonoro de “Garden” y la interesante música de teatrillo de marionetas burtonianas que es “100 Years From Now”. Salvo las tres primeras canciones, el resto es una cara B de Loretta Lynn/ Farion Young con letras de Jewel. Quizás Elson debía haber abierto su corazón un poco más y habernos hablado de su vida como supermodelo, de cáscara humana, de perchero en portadas de revistas y de las dificultades que todo eso conlleva para alguien que se considera a sí mismo artista. Quizás el disco habría perdido esa luz sepia de fotografía de vaquero con doncella en traje de novia y se habría convertido en algo más vidrioso, como el reflejo en los ojos de un lobo estepario.

Jordi Guinart

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