The Flaming Lips and Heady Fwends The Flaming Lips and Heady Fwends

Álbumes

The Flaming Lips The Flaming LipsThe Flaming Lips and Heady Fwends

6.3 / 10

Durante 2011, The Flaming Lips convocaron un lujoso casting de colaboradores para grabar un disco con el que celebrar el Record Store Day. Tras adelantar resultados en forma de EPs, parte del proyecto “Heady Fwends” –aún quedan por desvelar los aportes de Stars, Deerhoof, No Age y Death Cab For Cutie– fue editado en una tirada limitada de vinilos, y finalmente ha acabado por lanzarse en formato digital y CD. También ha acabado entendiéndose de manera generalizada como el nuevo largo de los de Oklahoma, aunque yo lo definiría más bien como un agujero negro en su cósmica andadura. Puede leerse literalmente como tal: “una región espacial cuya enorme densidad, debido a la gran masa que contiene, genera un campo de gravedad que no permite a ninguna partícula escapar de ella”.

Bien es sabido que los autores de “Zaireeka” (1997) no se cortan un pelo a la hora de acometer cualquier locura que se les ponga por delante. Esto es algo ni malo ni nuevo en ellos y que resulta estimulante dada la tendencia acomodaticia de otros carcamales de su edad. Pero también es algo que desde “Embryonic” (2009) les ha llevado a únicamente experimentar, dejando descuidadas, en cierto sentido, las canciones. Vale, puede que lo que busquen sea recuperar la anarquía de sus inicios o hastiar aún más a las multinacionales con las que tanto les gusta discutir, pero ideas aparentemente geniales como revisar “The Dark Side Of The Moon” o entregar canciones kilométricas insertadas dentro de calaveras, se han quedado en poco más que eso, ideas.

Este ofuscado y abismal “Heady Fwends” peca un poco de lo mismo. Más allá de los nombres de relumbrón y los fuegos artificiales, se echan en falta temas con entidad. Cuesta tragar de una sentada su grumosa papilla sonora y ésta le hace a uno reafirmarse en la impresión de que el sensacional “Embryonic” fue un espejismo en el desierto. Quizá lo mejor sea entender “Heady Fwends” como el reverso cachondo de aquel álbum, entre otras cosas porque mantiene sus ganchos de rock mineral y la artrosis psicodélica, pero no queda muy claro cómo debe encajarse el tono burlesco que gobierna parte del metraje. Basta con fijarse en los polos para torcer el gesto. “2012” y “I Don’t Want You To Die” –este último tema sólo disponible en la edición en vinilo– encierran dos guiños al “1969” de The Stooges y al “Imagine” de Lennon respectivamente. Y, ¿saben a quién han escogido para cantarlas? Nada más y nada menos que a Ke$ha y Chris Martin. (Risitas de fondo).

La única artista colaboradora cuya aportación vale la pena es Erykah Badu. Junto a ella revisitan el tema popularizado por Roberta Flack, “The First Time I Ever Saw Your Face”, bañándolo en un océano de drones y ecos. Resulta reseñable que la mejor canción del álbum sea un cover y lamentable el poco respeto que Coyne ha mostrado por la reina del neo-soul en la disputa que les ha enfrentado en Twitter. Del resto de temas se salvan algunos como los perpetrados junto a Tame Impala, Lighting Bolt y New Fumes (nuevo grupo del Polyphonic Spree Daniel Huffman), mientras que otros se quedan en curiosos bocetos que hubiera sido preciso desarrollar con mejor tino: la tormenta desatada por Prefuse 73 en “Supermoon Made Me Want To Pee”, la camisa de fuerza con que visten a Nick Cave en “You, Man? Human???” o el “Do It!” junto a Yoko Ono, la única artista que parece haberles domado a ellos y no al contrario. Entre lo más divertido, por no decir directamente lo peor, apenas vale la pena señalar el lado más escatológico del asunto, con Jim James cantando cosas como “You always want to shave my balls. That ain't my trip” o Ke$ha haciendo lo propio con versos tipo I want my ass… shit, one more time”.

Disco derivativo, de cuyos errores parecen exculparse al dejar la responsabilidad en tanto nombre bailando de por medio, “Heady Fwends” confunde ‘insobornable’ con ‘insoportable’ y, me temo, les acerca mucho a convertirse en una caricatura de sí mismos. O, mejor, en la banda sonora perfecta para toda esa vacua megalomanía que se está construyendo alrededor de un fin del mundo que nunca llega.

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar