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Justin Timberlake Justin TimberlakeThe 20/20 Experience

8.8 / 10

Aunque algunos piensen que su paseo por el cine y su aventura empresarial en MySpace no merecen la pena, la ausencia de Justin Timberlake del negocio de la música ha merecido la pena. Seis años ha tardado el cantante en volver a hacer equipo con Timbaland para meterse en el estudio e intentar superar el último y brillante trabajo firmado por Timberlake, “FutureSex/LoveSounds”, algo a priori complicado. “The 20/20 Experience” está envuelto de un aura totalmente diferente; también el propio Justin Timberlake ha dado un cambio a nivel vital que casa totalmente con la evolución entre ambos discos. Recién casado con Jessica Biel, este disco suena a una continuada declaración de amor devoto y reposado. El sexo –que no lo sexy– pierde protagonismo en el discurso y lo ganan los sentimientos, que se sofistican de la misma manera que lo hace la música de este disco. Es una de las mejores virtudes del álbum: Justin ha conseguido recuperar al mejor Timbaland no solo para que la música suene aquí con el genuino sello del productor, sino que además las composiciones expresan perfectamente la voluntad amorosa de Timberlake. Nadie esperaba ver al productor en tan buena forma –menos después del sonrojante single de Missy Elliott-; después de escuchar “The 20/20 Experience” empieza a parecer obvio que a Timbaland todavía le queda fuelle, pero solo si tiene alguien al lado que le llene la copa de frescura y le ponga al día.

Que no os engañe el aire a clásico de la excepcional “Suit & Tie” o de “That Girl”, este disco está cargado de elementos que, tal y como pasaba con “FutureSex/LoveSounds”, te ponían un pie en el futuro del urban y el R&B. Lo inquietante es que, a su vez, la producción también consigue recordarte a lo más sublime del género de finales de los noventa (prestad atención a “Don’t Hold The Wall” y “Tunnel Vision”, dos ejercicios de ritmo y elegancia que resucitan lo mejor del pasado del productor pero pasado por el sofisticado filtro pop de Timberlake y en los que también queda justificado el sueldo de J Roc)–, sobre todo a aquellos que tengan el oído entrenado en el trabajo de Timbo. Y para redondear la combinación de nostalgia y futurismo, las estructuras de prácticamente todos los temas se alargan hasta los siete u ocho minutos, con cambios de ritmo, de personalidad, de estilo a veces injustificados pero nunca fuera de lugar. Estos cambios de ritmo obviamente también se dan entre canciones manteniendo el respeto por ese enamoramiento que funciona de concepto global y emana de todo el disco. La ambivalencia de Justin tanto sirve para recordar al sonido de Miami Sound Machine en “Let The Groove Get In” o para apelar al romanticismo épico –tal y como hiciera en “Cry Me A River”– en “Mirrors”, un tema con clara aspiración comercial pero con la fórmula del pop efectivo elevada al cubo.

Es precisamente la duración del disco, un total de 70 minutos, lo que más se puede atragantar a los oyentes. Hay que tomar tiempo para degustarlo en su totalidad, tema por tema. Y si se mira con incredulidad al reproductor no es por cansancio, sino por extrañeza. ¿Quién tiene hoy en día el valor, la inspiración y el material para hacer un disco de más de una hora a sabiendas de que no aburrirá? Prácticamente nadie, de ahí que el respiro musical de seis años de Justin Timberlake haya sigo una jugada bien orquestada. Tanto a nivel inspiracional y artístico como ejecutivo, siendo capaz de sacar lo mejorcito de sí mismo –que no es la destreza literaria de sus letras pero sí la sencillez explicativa, que no es la potencia de su voz pero sí un dominio cada vez más ágil del falsete– y del furtivo Timbaland. Sólo por este último hecho, JT ya merece la mitad de la corona de laureles. La otra mitad, tal y como ocurriera en su anterior trabajo, se la lleva por haber sido capaz de sacudirse su pasado de estrella teen de encima y haber madurado como artista con coherencia, cohesión, buen ritmo y regalando a sus fans experiencias musicales deliciosas. Definitivamente, la “The 20/20 Experiencie” es la mejor que nos ha brindado hasta el momento. Y por precedentes de evolución, todo parece indicar que no será la última.

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