The English Riviera The English Riviera

Álbumes

Metronomy MetronomyThe English Riviera

8.3 / 10

Metronomy  The English Riviera BECAUSE MUSIC

“Un desastre”. Así describía recientemente la cabeza pensante tras Metronomy su anterior disco, “Nights Out” (2008). La sinceridad de Joseph Mount sobre aquel trabajo no sorprende nada ahora que tenemos entre manos “The English Riviera”, un tercer largo oficial para el que su grupo ha saltado al estudio y decidido mudar la piel elegantemente. El giro ha consistido en aplicar a su pop electrónico un filtro de estilización que les convierte en una banda más accesible; un filtro que limpia asperezas, que sirve para matizar burradas de antaño demasiado afectadas por la resaca nu-rave y que hace que el frenesí rítmico del grupo se expanda en más direcciones de las esperadas. Los nuevos Metronomy quieren dejar de ser peculiares y transformarse en especiales de verdad. Suenan transparentes, más directos. Apartan a un lado la morralla que no servía para nada y se lanzan directamente a la yugular de las canciones. Los cambios en el número de miembros –el bajista Gebenga Adelekan y la batería Anna Prior sustituyen a Gabriel Stebbing– parecen haber sido decisivos para que ahora se preste una delicada atención a las detalles y se permita a la música fluir más libre, como oxigenada con aire fresco.

Dicho aire parece ser la brisa marina que llega hasta el pueblo de Totnes, Devon, suroeste de Inglaterra. Mount dice haberse inspirado en el lugar donde creció para dar forma al núcleo argumental del álbum, algo así como una reconstrucción musical en abstracto de los recuerdos de su adolescencia y alrededores. La excusa conceptual funciona más como teoría que como práctica ya que, en el fondo, no es más que eso, una disculpa que le sirve para introducir en el corpus del disco letras que quieren hacerse pasar por autobiográficas. La portada, obra de John Gorham adscrita a la estética que él mismo realizó para las banderas de la zona durante la década de los setenta, nos aporta a través de aquellos años otra gran clave para entender “The English Riviera”: sus maneras soft-rock se reflejan como el equivalente de lo que sonaba en las radios californianas cuarenta años atrás. Lo jugoso del álbum radica en eso, en cómo logran sonar mediante esa capacidad de reciclaje: no sólo nada rancios sino completamente contemporáneos y frescos. De alguna forma, ocurre lo mismo que cuando a Hot Chip les da por firmar baladones tipo Fleetwood Mac. Los recursos y el lenguaje utilizados son los mismos y, de hecho, son los autores de “One Night Stand” con quienes más se suele comparar a Metronomy debido al similar empleo de los sintetizadores, a los calculados desarrollos instrumentales y al énfasis sobre las melodías.

Jugando al pasatiempo de los híbridos, podríamos tachar a este grupo reinventado como un cruce entre The Chap y Gershon Kingsley (huella presente desde temas antiguos como “The End Of You Too”), o como una colisión entre The Penguin Café Orchestra y Ratatat. En “The English Rivera” abundan saxos, maracas, teclados que suenan como guitarras y viceversa, falsetes al borde de la horterada ( “Trouble”) y destellos de funk blanco. Todos los temas son fantásticos e imaginativos, tan eclécticos como meticulosamente ensamblados. “We Broke Free”, que suena tras escuchar el rumor de las gaviotas y de un oleaje cercano, no sólo presenta el paisaje invitándonos a entrar en el disco sino que parece decirnos entre líneas que estamos ante un nuevo amanecer para la banda. “Everything Goes My Way”, sensual y suave como una caricia, cuenta con la exquisita voz de Roxanne Clifford ( Veronica Falls) como invitada. “The Look” es contagiosa como una gripe y “The Bay” un hitazo a la altura de los mejores Hot Chip. “Loving Arm” parece The Cure jugando al Tetris, la juguetona “Corinne” también se vale de ruiditos de videojuego para escribir su extraño ADN y “Some Written” recuerda a unos Penélope y Carlo de bajona en un hostalito costero. Al final, tras la galáctica “Love Underlined”, uno se queda con ganas de más, atrapado sin remedio bajo el influjo de un disco insaciable y muy bien cuadrado que les ha quedado redondo.

Cristian Rodríguez

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