The Effective Disconnect The Effective Disconnect

Álbumes

Brian McBride Brian McBrideThe Effective Disconnect

8.1 / 10

Brian McBride The Effective Disconnect KRANKY

Si existiera algo parecido a una bolsa de trabajo para compositores ambient, soy de los que piensa que ésta debería estar orientada y enfocada, mayoritariamente, hacia el terreno de los documentales sobre el mundo animal, a mi modo de ver uno de los destinos más propicios para generar bandas sonoras y acompañamientos musicales con plena y absoluta libertad, con toda la intención expresiva del mundo y, claro, con remuneración económica y difusión seguramente más sugerente y atractiva que la que pueda garantizar cualquier lanzamiento discográfico al uso por el circuito independiente habitual. Las piezas encajan: mantras atmosféricos, de emoción congelada en el tiempo, evolutiva y grandilocuente, como telón de fondo de imágenes en slow motion de cualquier mamífero, insecto o anfibio en su hábitat natural, ya sea en circunstancias dramáticas, poéticas o domésticas. ¿Cómo es posible que los grandes referentes en la materia, la BBC, National Geographic, Jacques Perrin o Canal+ Francia, no hayan reparado en ello y persistan en el uso ya repetitivo y facilón de grandes sintonías clásicas o recursos propios de campañas publicitarias?

En un ámbito más independiente, también desde un prisma más de autor y con clara vocación de denuncia con pátina ecologista, el tándem formado por George Langworthy y Maryam Henein sí ha decidido apostar por esta vía encargándole la banda sonora de su documental “The Vanishing Of The Bees” a Brian McBride, mitad del dúo Stars Of The Lid, referencia suprema, ejemplar y siempre precisa del ambient norteamericano. La trayectoria del grupo es suficientemente conocida ya por los aficionados al género, aunque fue su último disco, “…And Their Refinement Of The Decline”, el que consiguió que su nombre pudiera salir de los márgenes más especializados en la materia y lograr algo más de reconocimiento y presencia mediática. De todas formas, parece que el interés de los realizadores por la música de McBride hay que buscarlo en su debut en solitario, el maravilloso “When Detail Lost Its Freedom”, disco a reivindicar eternamente que para unos cuantos, incluido un servidor, supera con creces a buena parte de los lanzamientos de SOTL, sobre todo por la manera en cómo su creador se escapó del latido más dronístico de su banda para dar alas, y con mucho criterio, a una sensibilidad más cercana a Brian Eno, humanizando su ambient con peripecias melódicas de profunda emoción e impresión.

Y eso es lo que parecían buscar los cineastas para transmitir gravedad, ambición y sensibilidad a su película, aséptica pero cruda investigación alrededor de la progresiva y fulminante desaparición de abejas en Estados Unidos, por razones –el llamado síndrome CCD– que todavía se escapan de una lógica científica, pero que muchos expertos en el insecto relacionan con la explotación radical que el hombre ha hecho de las abejas para beneficio propio y que ha llevado a un desconcierto, desorientación y desapego extremo por parte de estos polinizadores, pieza fundamental en la cadena alimentaria de la que vivimos todos. Es un fenómeno fascinante, arrebatador, que queda descrito con máximo rigor en una cinta perfectamente complementada por las partituras de McBride. “The Effective Disconnect”, de hecho, podría pasar como un álbum en solitario al uso, independientemente de su función de acompañamiento, porque en realidad parece planteado como tal, tanto por su ambición como por sus ansias de proponer ideas y conceptos nuevos dentro de su propio discurso.

McBride firma aquí su obra más orgánica y accesible, así de entrada. Aquellos arreglos de cuerda pasados por filtro sintético que aparecían con timidez y sigilo en lo último de SOTL en esta ocasión ya asumen pleno protagonismo, ejerciendo impunemente de eje vertebrador de todo el discurso. El compositor busca un sentido menos asceta de la emoción, y para ello no sólo inyecta más vida a estos arreglos y aprovisiona sus mantras de melodías reconocibles y nada esquivas, sino que además cambia la estructura y el modo de funcionar de su grupo de manera clara y abierta. Quizás por la influencia de las imágenes, por la supeditación a un mensaje o por el latido visual de la película, encontramos a un McBride que indaga con más seriedad que nunca en un formato de canción y composición independiente y autónoma para desplazar de su organigrama esa idea de largos e inagotables drones. Va más al grano: canciones más breves, condensación total de su propuesta, aprovechamiento máximo del tiempo y, como consecuencia o causa de todo ello, el dibujo de un sonido más intenso, demoledor y contundente que el que le conocíamos hasta la fecha, a medio camino entre el ambient emo y la banda sonora contemporánea, de una emoción fulminante.

Tim Rybak

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