At The Down-Turned Jagged Rim Of The Sky At The Down-Turned Jagged Rim Of The Sky

Álbumes

Jessica Bailiff Jessica BailiffAt The Down-Turned Jagged Rim Of The Sky

7.3 / 10

Si nunca has escuchado a Jessica Bailiff y seleccionas “Your Ghost Is Not Enough”, el tema con el que comienza su quinto álbum, encontrarás resumidas ahí todas sus claves: un sonido denso y envolvente, característico de la producción de sellos como Kranky o 4AD en su primera época, con guitarras tormentosas y sintes elevados como el techo de una catedral, y una voz volátil que parece querer escaparse lejos –a poder ser, hacia las capas más inaccesibles de la atmósfera–. Todo esto se puede resumir en dos conceptos: shoegazing y space-rock, que al fin y al cabo son los territorios por los que esta inquietante cantautora –y poetisa de texturas– se ha movido desde que empezara a colaborar con Low a finales de los noventa y a grabar como Clear Horizon junto Dave Pearce, el que fuera líder de los añorados Flying Saucer Attack –existe sólo un álbum de este proyecto, homónimo, fechado en 2003–. Lo que no significa que “At The Down-Turned Jagged Rim Of The Sky” no sea un disco exento de sorpresas y placeres.

Jessica Bailiff viene siendo una presencia recurrente en el underground americano desde 1998, heredera de voces como las de Lisa Gerrard, Jarboe o Julee Cruise, y a la vez madre no reconocida de Liz Harris (Grouper) y Juliana Barwick, y que disco tras disco ha ido perfeccionando su expresión. Entre “At The Down-Turned Jagged Rim Of The Sky” y el primordial “Even In Silence” (Kranky, 1998), además de 14 años de distancia hay una mejora paulatina de sus habilidades y un refinamiento de la expresión, hasta llegar a ese punto de madurez y autosuficiencia que alcanzó en el glorioso “Feels Like Home” (2006) y que ahora, tras seis años sin grabar un álbum a su nombre –pero sí colaborando con almas gemelas como la rapsoda belga Annelies Monseré–, parece pedir la renovación. El problema para el álbum es situarse en un territorio conocido de sobras, lo que le lleva a ser consumido casi exclusivamente por el público convencido de la bondad de este tipo de shoegazing intenso – “Firefly (We Could Be Free)” y “Take Me To The Sun (So Warm, So Ready)” no pueden ser más My Bloody Valentine sin caer en la parodia–, pero quien busque en estas canciones un oasis de calma, un bálsamo para curar las heridas, lo encontrará con toda seguridad.

Atendiendo con más precisión a los detalles, hay dos tipos de canciones: las que tienen una base rock pétrea, con guitarra y batería lacerante – “Goodnight (Hope For Me)” y “Slowly (Show Me)”, ambas en el tramo final, imitan la rugosidad de los primeros Jesu–, y las que buscan la levitación. Es en estos instantes más oxigenados donde Jessica Bailiff rinde más y mejor, precisamente porque no se conforma únicamente con el rapto místico: su space-rock vaporoso nunca es tenue del todo, siempre hay una capa de tensión y suciedad, como en “Your Ghost Is Not Enough (Be With Me)”, que pese a la voz que asciende siempre se queda clavada en tierra gracias a una estructura de indie-pop / C-86 de la escuela Pastels / Jesus & Mary Chain, o también en “Sanguine (Please Say A Word)”, que alterna otro fraseo dulce con un drone machacón que juega al contraste de lo hermoso y lo rudo, del calor y del frío. Y es apreciando los matices cuando Jessica Bailiff añade un plus a su regreso, que no suena tan sorprendente como sería deseable, pero sí adorable en todos y cada uno de sus minutos.

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