The Dissolve The Dissolve

Álbumes

Boxcutter BoxcutterThe Dissolve

7.4 / 10

Boxcutter  The Dissolve PLANET MU

Si atendemos a lo que es “The Dissolve” de principio a fin, lo primero que le queda a uno claro es que Planet Mu decidió publicar el vinilo de “Alelle”, gran adelanto del cuarto álbum de Boxcutter para el sello, como una estrategia de despiste. Lo que hay en ese track nervioso y escurridizo no se corresponde luego con el resto del material aunque, ahí está lo original del caso, sí con la trayectoria fructífera de Barry Lynn: breaks de composición compleja, dinámicos, fracturados, inspirados en un drum’n’bass al estilo Moving Shadow pero a cámara lenta. “Alelle” –que en el disco aparece oculta hacia la mitad– es, por lo tanto, un enganche entre el Boxcutter anterior y el Boxcutter nuevo de 2011, una transición disimulada hacia un nuevo principio. “The Dissolve”, asumamoslo, es una ruptura prácticamente completa con su estética anterior, una huída del dubstep y de todo lo que éste representa para entrar en un registro expresivo que, muy en bruto, podríamos llamar sencillamente “downtempo” –la velocidad sigue siendo lenta, sin acelerones, salvando “Moon Pupils”, el momento más FaltyDL de todos– y que busca inspiración en una idea ultrafuturista del funk.

Desde los tiempos de “Oneiric” (2006) ya se sabía que Lynn iba por libre. Aquel era un ejercicio de fusión entre dubstep e IDM –es decir, entre Skream y un Aphex Twin juguetón–, y el irlandés nunca se sintió parte del núcleo duro de la escena. Tenía su gusto bien modelado y un background importante que le permitía experimentar con la genética del ritmo roto a su antojo, y por eso el salto hacia “Glyphic” (2007), donde el espinazo del álbum lo formaban las cadencias jungle, fue tan sencillo. Desde ese mismo origen de todo se sabía que Boxcutter se movería por donde le pidiera el cuerpo sin rendir cuentas a ninguna escena: él nunca fue, nunca se sintió, uno de los chicos del dubstep. Ahora, con “The Dissolve”, ya no lo es en absoluto: le podemos imaginar escuchando con perplejidad nueva música de cadencia tranquila editada en Planet Mu y enviada por el jefe Paradinas –los álbumes y los EPs de Oriol y Tropics, pongamos por caso– y sintiendo la llamada del funk, de esos bajos slap y esos sintes electrizantes, antiguos y resplandecientes. Lo intrigante del expediente Boxcutter es que el disco tampoco es exactamente una fuga hacia una bass music glamourosa y barroca en la línea del eje Lucky Me / Hoya:Hoya: Lynn suena tan aislado como siempre, igual le hablas de Illum Sphere y Hudson Mohawke y se encoge de hombros en un resignado gesto de desconocimiento. Pero si hubiera que situarlo en un plano concreto, sería en ese. O por ahí.

También podemos imaginar a Barry Lynn rescatanto los recuerdos de una infancia en los años 80 y compartiendo con obsesos de la música sintetizada como Ford & Lopatin y Com Truise la fascinación por esas transiciones incidentales de tantas series de la época – “Miami Vice”, sobre todo–, con teclados expansivos y textura kitsch. Es lo que se interpreta de “Passerby” y “TV Troubles”, los momentos en los que Boxcutter más y mejor certifica su tránsito de un sonido a otro, de la noche fría de Londres al salir de un club al atardecer calmado en una playa de Florida, recorriendo la costa en un coche descapotable. Lo inteligente por su parte es no ser nunca kitsch, ni siquiera cuando invita a vocalistas para darle el toque funk y AOR a momentos como “All Too Heavy” (con Brian Greene, que repite en “Ufonik” y “The Dissolve”).

Y más inteligente aún es que, a pesar de las variaciones significativas en el enfoque, el conjunto se sigue identificando como material Boxcutter, porque hay algo que no cambia: allí donde hay un break, Barry Lynn siempre lo astilla, le da su particular toque deconstruido y una consistencia fungosa, como si se fuera a deshacer o deformar salvajemente en cualquier momento. “The Dissolve” no es su mejor disco, es lógico, pero sí es un primer paso firme hacia una nueva etapa que traerá nuevos picos creativos en una carrera que Boxcutter ya se la plantea a largo plazo. La amenaza de longevidad es su mayor victoria en 2011.

Javier Blánquez

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