The Devil’s Walk The Devil’s Walk

Álbumes

Apparat ApparatThe Devil’s Walk

7.8 / 10

Apparat  The Devil’s Walk MUTE

Cuenta Sascha Ring que esta versión definitiva de “The Devil’s Walk” no guarda mucho parecido con la que hace un año tenía finiquitada tras un periplo existencial y creativo en México, contexto fundacional del proyecto. Según el productor alemán, aquel primer esbozo casi acabado presentaba un aspecto más electrónico y una apariencia más fría, principal motivo de una insatisfacción que le obligó a rehacer buena parte del material para dar con la forma que finalmente encontramos aquí. Y sí: entre arreglos de cuerda espontáneos, protagonismo absoluto para las voces, violines rasgados con frenesí, pianos y teclados repetitivos, ukeleles inesperados y otros jugueteos instrumentales, amén de un concepto eminentemente pop en su configuración y desarrollo, el nuevo álbum de Apparat, primero para el sello Mute, aleja definitivamente la estela más electrónica y bailable de sus inicios para adentrarse sin temor alguno en una suerte de pop épico, evanescente y melancólico destinado a la polémica.

Los defensores de su primera etapa quizás choquen contra un muro melódico en el que la voz del alemán asume más protagonismo que nunca y donde que los beats y los arreglos electrónicos ya no son fuente primaria de inspiración, sino más bien herramientas de edición y complemento de un punto de partida ya, ahora sí, instrumental y ortodoxo. El cambio es notorio y explícito, continuación lógica y más brava si cabe de ese “Walls” en el que ya se detectaban unos cuantos síntomas de permuta y vueltas de tuerca. Se nota, sobre todo, en el uso cada vez más confiado de la voz que hace Ring, tanto cuando es él mismo como cuando invita a amigos, como en el caso de Anja Plaschg, también conocida como Soap&Skin, en “Goodbye”, que le otorga otra personalidad a su discurso, mucho más cercana al pop y mucho más interesada en una dimensión épica de sus canciones. También se aprecia en el tempo, más contemplativo y pausado, en la temática de las canciones, espontáneas crónicas de encuentros y desencuentros –a fin de cuentas estamos ante un álbum que, según palabras del artista, “básicamente trata sobre las chicas”–, y en la búsqueda consciente de una emoción inmediata, sin rodeos ni subterfugios.

Y así, pese a sus imperfecciones, aunque no todas las canciones sean redondas, aunque el cambio pueda parecer drástico, aunque aflore un excesivo empeño preciosista en los acabados, aunque sean palpables y demasiado evidentes algunas de las influencias que guían este viaje, incluso con todos estos atenuantes, “The Devil’s Walk” acaba protagonizando una bellísima, intensa y fascinante reinvención expresiva y estilística en que Radiohead, James Blake, Steve Reich, Tangerine Dream, Sigur Rós o M83, nombres de una larga lista que podemos reconocer sin inmutarnos, consiguen entenderse y llegar a un acuerdo amistoso en un mismo discurso. Es pop de hoy, de pulso nocturno y arquitectura urbana, cuidadoso en las formas y generoso en el fondo, emocionante pero no empalagoso, lleno de aspiraciones y detalles con intención, de un romanticismo exultante y estéticamente atractivo, terapia de shock reconfortante para días de cabreo con el mundo.

David Broc

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