The Defamation Of Strickland Banks The Defamation Of Strickland Banks

Álbumes

Plan B Plan BThe Defamation Of Strickland Banks

7.9 / 10

Plan B  The Defamation Of Strickland Banks 679 / WARNER

Nunca he sentido especial predilección por los MCs británicos. Siempre los he contemplado como el equipo pequeño de un derby en comparación con los rappers americanos: el RCD Espanyol y el FC Barcelona, el Atleti y el Real Madrid, los Clippers y los Lakers. Los poetas urbanos de Albión, si nos referimos exclusivamente al hip hop –el garage, el grime y tal son otra cosa– han mostrado siempre un cierto complejo de inferioridad y una preocupante falta de miras que les ha confinado a los estrechos límites de su isla y a un público estrictamente british. Intento pensar en cuántos grupos de rap inglés han triunfado fuera la campiña y no me sale ni uno.

En este sentido, el londinense Ben Drew –“born and raised in Forest Gate”, que diría un rapero chungo– ha sabido venderse como nadie y ha entendido que, para brillar en un país con una escena rap que va a remolque de la yanqui, tienes que mostrarte ambicioso y dejarte de mamonadas. El tipo quiere ser grande y esa actitud me parece encomiable. Es normal, pues, que muchos periodistas hayan calificado a este blanquito rechoncho como el Eminem británico. Su primer larga duración, “Who Needs Action When You Got Words”, recibió aplausos de la crítica y alcanzó un respetabilísimo puesto número 30 en la lista de ventas británica, a pesar de su venenoso contenido lírico, trufado de drogas, sexo duro, muerte, horror y demás lindezas. Además, Drew, con sólo 26 años en la chepa, ha conseguido colarse en el cine, mostrándose como secundario de casta y actor de futuro: lo hizo bien en la magnífica Adulthood y ha recibido encendidos ditirambos del geezer por antonomasia, Michael Caine, por su trabajo en Harry Brown. Además, tiene en el tintero “4.3.2.1”, su segunda película con Noel Clarke, el mismo director de “Adulthood” y la anterior “Kidulthood”, y asegura que este año rodará un largometraje. Además, no todos pueden vanagloriarse de telonear al mismísimo Noel Gallagher: Plan B estuvo ahí el 26 de marzo, con el mancuniano cejijunto en el Royal Albert Hall de Londres, convertido ya en toda una estrella del circo musical británico.

Y en pleno ataque de vértigo, el tipo vuelve con un segundo álbum muy inteligente. Inteligente porque supone una ruptura con la estética rap de su anterior trabajo, porque le abre nuevos caminos creativos, porque amplía su espectro de oyentes y porque llamará la atención de la prensa. Convertido en crooner negroide de piel lechosa y acento del East End, Drew se inventa un personaje y un turbulento desarrollo cinematográfico –de hecho, ha afirmado que quiere hacer una película sobre este disco– para perfilar un descenso retro a las mazmorras del northern soul, el R&B, el funk peliculero, el pop y el viejo sonido Motown. El tema es que el amigo apenas rapea y el grueso del álbum se sostiene sobre un falsete que, a pesar de impostado, en ningún momento suena a broma. Cuerdas, guitarras melosas, secciones de viento, bajos sensuales… Drew ha sacado una ouija para invocar a los grandes vocalistas negros, que parecen haberle poseído convirtiéndole en una especie de heraldo del soul old school en unos tiempos en que el back to basics es la salvación ante el vacío modernillo.

El peso de Curtis Mayfield puede sentirse en toda su inmensidad en cortes como “Writings On The Wall”, ejemplo perfecto del latido que domina el álbum: lamentos con falsete, violines dramáticos, batería suave, guitarras eléctricas sensibleras y graves saltarines. Hay pasajes pop con naftalina y exceso de melanina que recuerdan enormemente al binomio Mark Ronson- Amy Winehouse: en la sensacional “She Said”, los que amamos a la cantante drogata podremos matar el hambre con un delicatessen que bien podría haber cantado nuestra yonqui favorita. El disco avanza con templanza, canciones con jugo y arte en la melodía: encontramos cortes de puro cum laude como “Love Goes Down”, una resucitación, desfibrilador soulero en mano, de Marvin Gaye. Otra cima es sin duda “Hard Times”, un tema que los fanáticos de las baladas-gueto de Mayfiled escucharán hasta sangrar por los oídos. También hay gospel en “Welcome To Hell” y “Traded For My Cigarrettes”, dos gemas en bruto que tendremos que pulir cocinándolas una y otra vez en nuestro reproductor. Incluso “Stay Too Long”, el track más disonante por su obvio poso rockista y sus pasajes rapeados a guitarrazo limpio, suena con una frescura y tiene una pegada que para sí quisieran los incontables grupos de moñas con chupa de cuero pequeña, mirada de empanado, flequillo y colocón. Qué diablos, “The Defamation Of Strickland Banks” huele a música bien hecha, aguanta muy bien en el iPod y se come con patatas a la mayoría de los mojigatos que se han apuntado al retro pop-soul de la Winehouse. Drew ha ejecutado una arriesgada pirueta que, aunque apartada de su particular universo rapper, ha superado enorme e inopinadamente las bajas expectativas que admito que tenía antes de darle al play. Un disco notable, aunque le sobren dos canciones: “The Recluse” y “What You Gonna Do?”.

Óscar Broc

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