The Dark The Dark

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The Third Eye Foundation The Third Eye FoundationThe Dark

7 / 10

The Third Eye Foundation The Dark ICI D’AILLEURS

A finales de los noventa, cuando su carrera ya estaba tocando a término, The Third Eye Foundation se había convertido en un proyecto de una liricidad tóxica, que proyectaba la violencia hacia el oyente de una manera envolvente y sutil, utilizando antes la psicología que la fuerza bruta. Aunque esto es así, se suele considerar a la banda que Matt Elliott lideró durante diez años (casi siempre como su único miembro) como una célula de ruido terrorista y malsano, un gusano dispuesto a pudrir el cesto de manzanas del indie a base de ritmos de drum’n’bass descoyuntado, guitarras que supuraban óxido y rabia y descargas de ruido capaces de hacer temblar los cimientos del Rockefeller Center (la transgresión de Elliott superaba lo musical para abrazar lo político, así que seguro que estaría de acuerdo con esta comparación).

El público de a pie, en fin, recuerda la agresividad fulminante de “ Semtex” (Linda’s Strange Vacation, 1996) y el pánico teatral de “ Ghost” (Domino, 1997), sus dos primeros discos, pero parece haber olvidado que después de aquellas descargas Elliott comenzó a trabajar formas más interesadas en la melodía y la repetición (repetición desde un punto de vista clásico, de vocación minimalista); formas que utilizaban samples de instrumentos acústicos para construir atmósferas claustrofóbicas y fantasmales, que sonaban al mismo tiempo marcianas y extrañamente familiares (un poco como las películas de Henry Selick, para entendernos). Como resultado de esa evolución, las canciones de esa última época, sobre todo las contenidas en el postrero “ Little Lost Soul” (Domino, 2000), transmitían una incómoda sensación de peligro; revolvían las tripas del oyente, pero al mismo tiempo le obligaban a permanecer atento, hipnotizado ante tanta aflicción y tristeza. Una paradoja cuyos mejores resultados se alcanzaron en Lost , una devastadora suite de diez minutos que conformaba el centro de gravedad de “Little Lost Soul”, y en la preciosa remezcla de La Dispute , un original de Yann Tiersen, que también abre la recomendable recopilación de remezclas “ I Poo Poo On Your Juju”, editada de manera póstuma por Domino en 2001.

Que a partir de ahí Elliott decidiera restar radicalidad a su música, abandonando su heterónimo más burro en favor de su propio nombre, y pasando a grabar discos de canciones (de canciones en un sentido clásico), en las que la electrónica brillaba por su ausencia, resultaba un paso lógico: a fin de cuentas, el camino recorrido parecía haber llegado a un límite, y puestos a afrontar un cambio mejor hacerlo de manera radical, enterrando todos los aspectos y gestos de los que se había cansado. Aspectos entre los que hay que destacar lo aburrido que le resultaba llevar al directo los temas de The Third Eye Foundation. “ No tenía demasiado espacio para expresarme”, reconocía en una entrevista hace unos años. “ Lo único que podía hacer era tocar unos cuantos botones, y eso es algo muy aburrido para un espectador, aunque la música sea fantástica. Nada que ver con la experiencia de cantar y tocar; no existe una sensación más grande que la de terminar un concierto que ha sido bueno”.

Cuento todo esto porque el nuevo disco de The Third Eye Foundation, aparecido por sorpresa diez años después de “Little Lost Soul” (sorpresa con matices: el año pasado ya se publicaron algunas remezclas bajo este alias), representa a la vez una continuación y un nuevo comienzo –también representa otro giro en su carrera, tras el evidente estancamiento creativo que supuso su quinto disco como Matt Elliott, “Failed Songs” (Ici D’Ailleurs, 2009), pero esa es otra historia–. A un nivel formal parece una continuación, agigantada en todos sus aspectos, de lo que ya ofrecía “Lost”: los ritmos de drum’n’bass al ralentí, los varios bucles borrosos superponiéndose unos encima de otros, los efectos sonoros puntuando las variaciones sutiles, las líneas de piano tiñendo de melancolía todo el conjunto, los coros fantasmales asomando por las rendijas que tan complejo entramado deja abiertas. Todo está ahí, amplificado y magnificado, estirado durante cuarenta asfixiantes minutos en los que no paran de aparecer y desaparecer instrumentos, en los que a veces se cuela un respiro intimista o alguna explosión de ruido. Cuarenta minutos que conforman el núcleo duro de “The Dark”, y que vienen divididos en cuatro secciones: “Ahnedonia”, que poco a poco va desvelando los motivos melódicos de la pieza; “Standard Deviation”, que añade atmósferas opresivas y mucha electricidad ambiental; “Pareidolia”, que juega a distorsionar y acelerar los ritmos, en un extraño juego de tensiones; y “Closure”, en la que una sección de cuerdas sobrevuela todo el conjunto, un conjunto que cruje entre lamentos, ruidos y cacofonías, y que finalmente se pierde en los drones sostenidos del piano y el chelo. La pieza, magnifica y desoladora, significa el retorno a lo grande de The Third Eye Foundation, un proyecto que ya no se conforma con permanecer en los márgenes de la música electrónica: rompe las fronteras de lo neoclásico y se asienta ahí, reclamando un espacio propio. Y si decimos que aparte de una continuación es también un nuevo comienzo es porque, aunque las ideas sean muy similares a las desarrolladas en la primera etapa de la banda, en esta ocasión tienen mucha importancia los instrumentos reales: pianos, guitarras, cuerdas, vientos y percusiones, tocados por el propio Elliott o por dos de sus colaboradores, Louis Warynski (de Chapelier Fou) y Chris Cole (alias Manyfingers). Una formación que, además, garantiza la puesta en escena de tan magnética pieza.

Lástima, entonces, que Elliott haya decidido estropear “The Dark” con la inclusión de un último tema, provocativamente titulado “If You Treat Us All Like Terrorists We Will Become Terrorists”, pero que en realidad, y como dice un antiguo conocido, parece el rescate de algunos archivos viejos, encontrados en algún rincón del disco duro. Una pieza menor, indigna tanto del disco como del talento de su autor, y que sólo parece estar ahí para que los viejos fans (los defensores de “Semtex” y “Ghost”, es decir) se sientan a gusto. Yo, la verdad, prefiero la nueva versión de la banda. Y que alguien los traiga a tocar cerca de casa, por favor.

Vidal Romero

The Third Eye Foundation - If You Treat Us All Like Terrorists We Will Become Terrorists

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