The Crystal Axis The Crystal Axis

Álbumes

Midnight Juggernauts Midnight JuggernautsThe Crystal Axis

7.5 / 10

Midnight Juggernauts  The Crystal Axis SIBERIA RECORDS

Sorpresón de los grandes el que acaban de protagonizar Midnight Juggernauts. Si echamos la vista tan sólo tres años atrás, recordaremos cómo el grupo australiano se sumó con solvencia a la creciente escena de pop bailable –con un poco de french touch– gracias a un disco de debut que era dinamita en estado puro. Bajo la coartada conceptual de lo cósmico, canciones como “Into The Galaxy” o “Road To Recovery” nos demostraron que en Oceanía nadie necesitaba el aval de sellos como Ed Banger para poner patas arriba esa escena indietrónica que chupaba por igual de la teta del space disco como de la resaca ravera de tonos flúor con la que tanto simpatizan los clientes de American Apparel. Como era de esperar, Justice y SebastiAn se rindieron a los pies de Midnight Juggernauts hasta que Cut Copy y The Presets les tomaron el relevo y se alzaron como nuevo estandartes de las pistas de baile con aroma a eucalipto –por los koalas, se entiende–. Y con el tiempo parece que el trío de Melbourne, reticente a anclarse y repetir la fórmula que le dio el éxito, ha querido dar una vuelta de tuerca a su identidad en este “The Crystal Axis” que nos ocupa.

Ni rastro de baile o subidones a los que aferrarse con la boca desencajada. Lo cual me jode, y mucho, teniendo en cuenta cómo machaqué su debut en el iPod y pasó a ser una de esas pequeñas joyas que uno se ponía cuando no quería pensar más de la cuenta. “The Crystal Axis” se retuerce entre el muro de sonido spectoriano, el rock progresivo –más explícito que en su anterior trabajo, que ya es decir– y las justas dosis de psicodelia que un grupo de sus características puede reivindicar. Seguramente se habrán vuelto a estudiar de cabo a rabo la discografía de Pink Floyd para parir un disco tan místico como este. Quieren que nos los tomemos en serio, y en parte lo consiguen. Por esta razón, el protagonismo de su líder y vocalista, Vincent Vendetta, se percibe al alza sin necesidad de recurrir a los vocoders para sacar ese Bowie que lleva tan adentro.

Si Roxy Music se decidiera a pasar por el estudio de una vez, quizá podrían salirse por la tangente con algo similar a “Lifeblood Flow”. Aunque si una pieza brilla con luz propia –dejando de lado el single “Vital Signs”, que obviamente ha hecho las delicias del NME–, esa es “Lara Versus The Savage Pack”, con ese bajo sucio que nos hace añorar el sexo a pelo de las comunas hippies y que tanto le debe a las idas de olla psicodélicas de Wayne Coyne o bandas amantes de lo retro como The Heavy. Aun dejando de lado la electrónica bastarda de lado hasta nuevo aviso, las líneas de sintetizadores y órganos eléctricos –quisieron hacer su particular “Space Oddity” y les salió “Dynasty”– siguen formando parte de su genoma. A pesar de que el álbum no destila brillantez –lo cual no significa que resulte de lo más ameno–, consigue acaparar toda nuestra atención con temas como “Fade To Red”, tan sumamente ensoñadora y embriagadora –aquí Vendetta no canta, más bien levita a dos palmos del suelo– que es imposible darle al repeat compulsivamente. Dicho todo esto, sigo echando de menos a aquellos Midnight Juggernauts que convirtieron mi sala de estar en una discoteca. Como recientemente ocurrió con MGMT, han dado carpetazo al hedonismo de las luces de neón, pero aún así los australianos nos demuestran que pueden metamorfosearse sin perder un ápice de su poderío.

Sergio del Amo

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