The Clearing The Clearing

Álbumes

Bowerbirds BowerbirdsThe Clearing

6.3 / 10

Suenan Bowerbirds a una versión a dos voces –menos intensa, más equilibrada, aunque igualmente triste, un nihilismo folk ligeramente autodestructivo–, de Damien Rice, el tipo que convirtió a la Natalie Portman de “Closer” en la Winona Ryder de los 2000 (vía “The Blower’s Daughter”). Como Damien Rice, Phil Moore y Beth Tacular se han especializado en una especie de ronroneante minimalismo pop (abierto, en esta segunda entrega, a algo más que la guitarra y el acordeón, abierto al intenso batir de palmas, a los samples, a ambientes expansivos, esto es, espacio, espacio folk, pero espacio). Más pop, decía, que en su anterior trabajo, ese brillante amanecer entre las nubes llamado “Upper Air”, que adolecía en cierta manera de escasez de ideas concisas (sólo “House Of Diamonds” podía elevarse a categoría de corte decididamente bien construido y, por momentos, hasta tristemente pegadizo). Así pues, en “The Clearing” los de Iowa suenan a un Rice menos cabreado con el mundo (así al menos parecía sonar Rice en “9”: bastante cabreado), deseosos de explorar nuevos terrenos. Terrenos pantanosos, como el del dream-pop (en “Hush”), las trompetas devoradoras ( “Death Wish”) o la arbitraria sencillez del desconsuelo al piano (y casi sólo al piano, algo extraño en el dúo que a veces es trío) en el arranque de “Now We Hurry On”.

Más cerca de una versión para melancólicos de Herman Düne que de su adorado Bon Iver, Bowerbirds han perfeccionado el crescendo, clave en su propuesta, pues son una de esas bandas en las que no importa cómo arrancan las canciones, lo que importa es cómo acaban. Cómo se expanden con el paso de los minutos (cómo retumba “Tuck The Darkness”, cómo late, hasta el último aliento, “Walk The Furrows”) y cómo estallan (y acaban hechas pedazos, tintineos, o el final de “Now We Hurry On”). Conscientes de ello, Phil y Beth recurren a este método en mayor medida que en su anterior entrega, pero la falta de concentración, esa búsqueda infructuosa de nuevas puertas que abrir en el futuro, desmonta un álbum que, aun resultando tan sinuosamente hermoso como el anterior, adolece de algo parecido: el intento por escapar de una monotonía mal entendida, que desemboca en una preocupante falta de ideas renovadoras.

In the Yard

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