The Chronicles The Chronicles

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Kenny Larkin Kenny LarkinThe Chronicles

8.5 / 10

Kenny Larkin  The Chronicles RUSH HOURDigan lo que digan, la carrera de Kenny Larkin no ha remontado en esta década. El parón fatal tras el apabullante maxi “Loop 2” que le tuvo casi apartado de la actualidad del techno durante ocho años ha hecho mella en el de Detroit, y es necesario reconocer que ni “The narcissist” ( Peacefrog, 2004), ni “Funkfater: Music saves my soul” ( Poussez!, 2004), ni tampoco el algo superior “Keys, strings, tambourines” ( Planet E, 2008), son piedras angulares de la nueva escuela del género, por muy bañadas en soul y jazz que estén. Kenny Larkin fue durante todo el primer tramo de los noventa el gran rival –y amigo– de Carl Craig, pero todo lo que posteriormente ha cultivado Craig para aumentar su leyenda y consolidad su prestigio, Larkin lo ha ido sembrando con pausa y sin entusiasmo: su carrera como cómico negro, una versión madura y technoide de un Chris Rock cualquiera, le ha consumido demasiadas energías que en su música actual habrían sido vitales. Quien tuvo, retuvo, sin duda; pero lo que ha retenido Larkin no es suficiente para jugar en los primeros puestos de la liga del techno que hoy se lleva.Pero este doble CD se titula “The chronicles” –limitado a 1000 ejemplares, ya agotado posiblemente a estas alturas del año–, y con tal epígrafe queda claro que no se ocupa del presente, sino de volver a sacarle brillo a un pasado que reluce por sí solo. En los últimos tiempos, Rush Hour –sello holandés vinculado a una pequeña tienda que cuida la música de baile purista como pocas– había estado haciéndose con parte del back catalogue de Larkin, lo que grabó antes de que la fama le asaltara, para publicar reediciones en vinilo de sus primeros y mejores maxis. Era cuando el techno que venía de Detroit conquistaba el mundo con funk galáctico, soplidos ambientales vigorosos y un uso romántico de la tecnología, cuando sellos con cuentas bancarias abultadas como Warp y R&S se daban de hostias por contratarle un álbum. Era cuando Kenny era la gran estrella de la segunda generación de la Motor City, el niño mimado de Kevin Saunderson y Juan Atkins Derrick May le cubría con el ala a Craig–; cuando publicó, en definitiva, dos discos de golpe que han dejado su impronta en la historia: “Azimuth” (Warp, 94) y “Metaphor” (R&S, 95). “The chronicles”, sin embargo, no es el GRAN recopilatorio de Kenny Larkin, allí donde encontrar todo lo que vale la pena condensar de su obra. El material de R&S, por ejemplo, queda marginado en su casi totalidad, y del álbum de Warp aparecen aquellas piezas que, previamente, habían aparecido en 12”. Esta es la otra cara de Larkin, oculta como la de la luna, la que como mucho conocen los aradores de cubetas y detectores de seudónimos. Camuflado como Dark Comedy o Pod, Larkin fue publicando techno estelar desde 1992 en maxis por los que ahora se pagaría medio hígado si no fuera porque Rush Hour los fue recuperando, limando y reeditando. Son estos maxis –el “The vanguard Ep” en Buzz, por ejemplo, o el resto del material primero firmado como Dark Comedy, con ese mareante “The bar” como pelotazo insignia– los que aparecen aquí reunidos, con rarezas en forma de tomas alternativas, y joyas, éstas más difundidas, como “Q”, “Tedra”, “Track” o “Loop 2”. Kenny se deja zarandear por lo agresivo, a veces, y por el suave flotar de la no-gravedad casi siempre. Sin esta reunión de material en un mismo disco –fantástico embalaje, por cierto–, la historia del techno clásico estaría incompleta. Javier Blánquez

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