The Chronicles Of Marnia The Chronicles Of Marnia

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Marnie Stern Marnie SternThe Chronicles Of Marnia

7.8 / 10

Los amantes del rock transversal están de enhorabuena: Marnie Stern edita nuevo disco tras dos años y es, probablemente, uno de los mejores álbumes de la norteamericana. Viene, además, acompañada de dos almas afines: Zach Hill (Death Grips y Hella, entre muchos otros) y Kid Millions (Oneida) en la batería. Pese a esa carátula que puede llevar a engaño y el título-homenaje a la obra de C.S. Lewis, “The Chronicles of Marnia”, como la propia Stern ha declarado, es menos caótico y tiene menos capas superpuestas, pero no deja de ser 100% “sterniano”. Las diferencias vienen de un sonido más luminoso, sí, con más concesiones a las melodías, algo más cercano al pop, pero Marnie Stern sigue dando rienda suelta a su lado más salvaje, a esos riffs acelerados marca de la casa, a los golpes de guitarra, a los continuos cambios de tiempo y al espíritu punk. Una de las consecuencias de esos cambios es que ahora escuchamos mejor la voz de Marnie, que se revela a ratos juguetona, a ratos aniñada y otras veces desafiante, como cuando recita en “Nothing is easy” ese “ walk in my shoes / where nothing is easy”. Y es que las letras son otra de las claves de este último disco, que a ratos coge el testigo de las riot grrls (no olvidemos que Marnie Stern decidió colgarse la guitarra inspirada por Sleater-Kinney) y apela a la empatía y aborda conflictos como el papel del cuerpo femenino en las relaciones ( “You Don't Turnd Down”) o la frustración ( “Proof of Life”), emparentado estas canciones con las de grupos de corte reivindicativo como Erase Errata.

En “The Chronicles of Marnia”, Marnie Stern incluso se atreve a experimentar con el punto casi heavy que abre “ Hell Yes” (y que luego se convierte en un tema de pulsión post-punk) y el aire primitivista de “You Don't Turn Down”, que pese al sorpresa inicial en realidad encajan muy bien con el resto de un álbum lleno de canciones que son como brillantes e inesperados toques de atención, con una asombrosa capacidad de sugestión: “Proof of Life”, por ejemplo, pese a lidiar con temas como las aspiraciones y los sueños incumplidos y de transmitir inquietud, a la vez se erige en magnífica vía de escape sin tener que recurrir al clásico grito agónico tan recurrente en estos casos. En “Immortals, por el contrario, Stern roza el minimalismo (entendido según sus parámetros, por supuesto) y se deja llevar por el instinto en vez de por ella art-punk elaborado que suele gastar, y logra una canción absolutamente urgente y de espíritu bastante más pop del que puede parecer a priori y que sin duda sorprenderá a quien se acerque a “The Cronichles of Narmia” esperando más de lo mismo. Un consejo: cuanto más alto, más se disfruta este álbum.

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