May The Bridges I Burn Light The Way May The Bridges I Burn Light The Way

Álbumes

Bass Clef Bass ClefMay The Bridges I Burn Light The Way

8.5 / 10

Bass Clef  May The Bridges I Burn Light The Way BLANK TAPES

Posiblemente no haya otra figura más aislada en el mar del dubstep –llamémosle dubstep, por decir algo; desde el mismo momento en que empieza el disco estamos en terreno alienígena y cualquier parecido con el mundo real es mera coincidencia– que la del bristoliano transplantado en Londres llamado Bass Clef. Más aislado no se puede estar, básicamente, porque nadie más en esta escena utiliza el trombón como sostén estético de una propuesta que, sólo faltaría, también tiene líneas de bajo comatosas que rugen como leones hambrientos y breaks saltimbanquis que pretenden jugar con la capacidad de resistencia freak del personal. Ya era así Bass Clef cuando editó “A Smile Is A Curve That Straightens Most Things” (Blank Tapes, 2006), álbum ovni que aterrizó en la escena el mismo año en que se estrenaban Burial y Skream en largo, uno humanizando el trasfondo futurista del dubstep, el otro preparando el terreno para que el gran público, por fin, pudiera aceptarlo y bailarlo. Bass Clef lo que conseguía era aumentar la gradación de sus ángulos, hacer del sonido una cosa más obtusa, yendo a la contra. Cualquier género necesita sus innovadores, sus puristas y, por supuesto, sus marginados. Todos ayudan a que la escena siga con las constantes vitales haciendo picos en el monitor.Ralf Cumbers, pues, es el raro. Podrían haberlo sido Various Production, cuando les da por tirar hacia el folk, pero Various son parte de la elite, colaboran, tienen amigos. Bass Clef no. Como mucho pide la ayuda de la banda de metales de su pueblo, o lo que diantre sea la Hackney Memorial Free Jazz Marching Band, para enriquecer la paleta acústica, y menos agresiva que su producción anterior –o sea, el virulento “Opera Ep” y las exploraciones de subgraves retorcidos como lombrices ensartadas en un anzuelo de los dos volúmenes de “Zamyatin Tapes”– con mucho timbre de cobre y acero. Se escapa de las tendencias claustrofóbicas y Bass Clef pide hueco, porque habiendo hueco él ya se las maravilla para maravillarnos con una electrónica socarrona y zigzagueante que parte del dubstep pero que quiere ir a otra parte. Con él no sirven referencias clásicas del continuum hardcore –como cuando se alude a Ed Rush hablando de Rusko, o con Omni Trio en referencia a Burial, o sacando a Photek para describir mejor a Consequence–, sino la de los proscritos de la electrónica mental, aquellos que han sido expulsados del círculo como leprosos o, mejor aún, los que se han exiliado sin pedir perdón. Con el primer álbum, la referencia clara parecía Squarepusher de los años Rephlex. Con éste, que suena más caribeño y psicodélico, cuesta un poco más. A menos que uno se acuerde de The Sabres Of Paradise.Sugerencia: Bass Clef es el Andrew Weatherall del post-dubstep. “Gasoline My Head And Light It; I’m Already On Fire” tiene algo de aquel “Wilmot” que coronaba el clásico “Haunted Dancehall” (Warp, 1994): el sonido es amplio y poroso, no tiene la textura granítica ni el enfoque preciso de la mayoría del dubstep que ha ido saliendo estos últimos meses –y ni mucho menos puede encajonarse como wonky, funkstep o cualquier otra mutación, a pesar del ritmo caribeño de “Heartbreak Soca Cascade”– y, es, en definitiva, una remembranza de impresiones cinematográficas, urbanas sin tensión y de carnavales de sonido más propia de la electrónica de dormitorio de los años noventa. Quien dice Weatherall para acotar el lenguaje y la singularidad de Bass Clef también podría citar al díscolo Luke Vibert, que es también un devorador de influencias y un alquimista capaz de transformar el plomo en oro –o la samba en electro, como en “You Do My Head In”–. Insólito a la par que sorprendente, tan imposible sobre el papel como tan certero en el reproductor de CDs, “May The Bridges I Burn Light The Way” es un disco tan esquivo que, desgraciadamente, corre el peligro de pasar desapercibido y no ser valorado como un referente de valentía y alergia al borreguismo. Hay que tener las pelotas como sandías para llevar hasta el final un “Hackney Lionhart” que suena a calypso y podría ser pinchado por Kode9, o para mezclar el big beat de Propellerheads con un dubstep de combate –bajos fibrosos, toque nocturno y alevoso, como de película de espías– en “Night On Mare Street”–. Por no hablar ya de cómo subraya el post-rock (momentos puente ambientales) de Mogwai en “Broken Love” o culmina el álbum con una “Halliwick” sabresónica en la que se recuperan los breakbeats turulatos de Plug con las orquestaciones submarinas de The Aloof. Al común de los mortales todo esto le sonará a chino. Por supuesto. Pero a quien busque la singularidad en la moderna música electrónica, ese concepto tan escurridizo y difícil de localizar, todo esto debería sonarle a gloria y “May The Bridges I Burn Light The Way” a maldito de hoy y clásico de mañana. Javier Blánquez*Escucha fragmentos del álbum en Itunes y Dj Download

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