The Bravest Man In The Universe The Bravest Man In The Universe

Álbumes

Bobby Womack Bobby WomackThe Bravest Man In The Universe

8 / 10

Primero, las buenas noticias: The Bravest Man In The Universe” no suena en absoluto a disco de vieja gloria rehabilitada por el capricho de una estrella. Tampoco a acto de caridad, o a la prostitución de una voz única en favor del ego de Damon Albarn. Mandaría narices que fuese así, siendo dicha voz la de un tipo que se codeó con Sam Cooke y los Soul Stirrers. Además, y por suerte, este disco no tiene mucho (o, al menos, no demasiado) de recuperación arqueológica al estilo de Buenavista Social Club: “The Bravest Man…”, por el contrario, se beneficia de una producción discreta pero al día, que podría definirse como “moderadamente moderna” en el caso de que la palabra “atemporal” te haga (como a quien suscribe) rechinar los dientes.

Ahora, las noticias no tan buenas: quienes esperen hallar en este disco la sensualidad de The Poet” o el nervio de la banda sonora de Pánico En La Calle 110”, van apañados. Tampoco debería extrañarnos: al fin y al cabo, Bobby Womack tiene ya 68 años, y de esos álbumes hasta ahora median unas cuantas tragedias personales en forma de muertes en la familia, adicciones (superadas) y ostracismos varios. Una presencia que sí puede echarse algo más de menos es la de su guitarra. Siendo Womack uno de los mejores guitarristas del soul (y, compitiendo en la misma liga Curtis Mayfield y Steve Cropper, entre otros, eso es algo muy serio), da rabia que aquí haya optado por centrarse en lo vocal, cediendo los acompañamientos a unas bases programadas que por suerte suenan con severidad espartana.

Pero, ya que hablamos de la voz, justo es decir que ésta pesa muchos quilates. No sólo por esa profesionalidad desgarrada (con rajo, con vigor, pero sin caer nunca en lo histriónico) que el protagonista de la función aprendió de los maestros del género. También, y sentimos caer en el tópico, porque uno juraría oír aquí como la garganta de Womack ha sido labrada y modelada por la experiencia. El cantante se ha apresurado a recordar que el mundo de la música afroamericana no le puede ni ver, en general, desde que cometió la osadía de casarse con la viuda de Sam Cooke estando aún caliente el cadáver de él, y sus palabras al respecto justifican que a veces (sólo a veces) percibamos algún matiz de resentimiento en las letras y en las melodías. “Yo escribí ‘Lookin’ For A Love’ y ‘Games’, y aquí me veis”, parece decir, “y aquí me tenéis, a mis años y devuelto al negocio por un blanquito”.

Lo cual es verdad, pero también es cierto que, en su colaboración con Gorillaz, Bobby se merendó con patatas a todo un Mos Def, y que sin ese encuentro la mayoría no hubiésemos sabido ni que seguía activo y componiendo. El hecho de que, en Dayglo Reflection”, ponga en serios aprietos a una Lana Del Rey que, de puro lánguida y divina de la muerte, se deja ensombrecer como si nada (nubecilla de verano arrastrada por un huracán) es una prueba más de su buena forma. Y, por último, destaquemos lo natural que resultan los fraseos de nuestro héroe superpuestos a esos sampleados y secuencias, sobre los cuales cabalga con tanta naturalidad como sobre los bajos, las baterías y las secciones de cuerda de antaño.

“El hombre más valiente del universo es aquel que perdona”, clama Womack en el primer corte del disco. Y, después, con un alarido que suena a caoba manchada de alquitrán, dice que tiene una historia que contarnos. El tema del pecador perdido y encontrado es una constante en el soul: el masoquismo del blues, si se quiere, tamizado por la esperanza de la música religiosa. Pero, cuando a continuación espeta aquello de “vergüenza para mí, vergüenza para ti”, uno se lo cree tanto como se creía a Jeros (‘el de en medio de Los Chichos’ de la dichosa cancioncita) cuando proclamaba aquello de “Por mi culpa, merezco la muerte”.

Tal vez, en un año y medio o así, muy pocos de los oyentes que ahora se ha ganado este álbum recuerde quién es Bobby Womack, ni sienta ninguna urgencia por revisarlo pasado el hype. No importa, porque quienes llegamos hasta él habiendo conocido ya a su autor lo usaremos como pretexto para revisar lo que conocemos de su discografía, y tal vez para recuperar esos trabajos suyos que nunca nos despertaron curiosidad. Sólo por eso, “The Bravest Man In The Universe” es necesario.

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