The Boat Party The Boat Party Top

Álbumes

Kyle Hall Kyle HallThe Boat Party

8.3 / 10

La portada de “The Boat Party” es de lo más ilustrativa; mientras cada verano la juventud electrónica europea mata por asistir a fiestas en barcos con DJs de postín, Kyle Hall reivindica el papel de Detroit como cuna electrónica posando ante un barco abandonado con el decadente paisaje urbano de su ciudad a sus espaldas. Y es que KMFH -Kyle Motherfucking Hall, para más señas- no está para florituras. Cuando debutó en 2007 con un maxi para FHXE siendo todavía un adolescente y muchos le señalaron como el último gran prodigio surgido de Detroit él ni se inmutó. Al fin y al cabo, estamos hablando de alguien cuyo padre salía de fiesta con los May, Saunderson, Atkins y compañía, que aprendió a pinchar con Raybone Jones y que se l levaba el teclado al instituto para componer beats en sus ratos libres. En su caso, pues, el linaje se da por sentado. A partir de aquí, no es extraño que a la hora de buscar su sonido esquivara la indulgencia, diera la tradición por supuesta y buscara nuevos caminos a su manera. En los últimos tiempos, esta exploración se ha vuelto cada vez más cruda y desafiante. Si en sus primeros lanzamientos solía bascular entre los ritmos de textura arenosa y la calidez de los acordes jazzy, sus incursiones más recientes -sirvan sus maxis junto a Kero o FunkinEvil como ejemplo- le muestran mucho más centrado en un acercamiento más brutal y primario. Y este disco cae, indudablemente, de este segundo bando.

“Crushed” y “Measure 2 Measure” son los dos únicos cortes que apelan directamente a la emotividad. En ellos, Hall se rebela como una suerte de Moodymann bañado en crujidos de distorsión analógica, demostrando la misma intuición innata que KDJ en el uso aparentemente brusco de sampler para convertir retazos de disco en delicias de deep-house noctámbulo. La naturalidad del groove y la sensualidad orgánica con la que fluyen ambos cortes no hacen más que confirmar su condición de elegido pero, como ya hemos dicho, Hall no se conforma con alcanzar un magisterio que le equipare con sus legendarios coetáneos. Él insiste en escribir con su propio lenguaje. Un estilo de ramificaciones diversas en el que la espontaneidad y el amor por el siseo de las fuentes de sonido analógicas son dos de sus principales nexos de unión. En cortes como “Dr Cunch” o “Spoof” se hace patente que el joven productor prefiere huir de la rigidez de los secuenciadores digitales y construir sus tracks en tomas en directo, llevando al extremo los parámetros de los efectos y la mezcla para sacar el máximo partido a sus valores expresivos. En estos dos tracks, el componente melódico, por ejemplo, queda sumergido en una maraña de filtros y distorsión hasta que, de forma imprevista, aparecen en primer plano un pocos segundos antes de volver al abismo. A pesar de que esta manera de experimentar y desorientar con la mezcla pueda dar resultados alienantes, lo cierto es que acaba por poner en primer plano la importancia del factor humano en la música electrónica.

El acercamiento visceral se hace aún más patente en “Flemmenup” y “Finna Pop”. La primera es una drum-track que suena a deconstrucción rítmica del electro mientras que la segunda es una maniática composición de ghetto-tech en la que un cimbreante micro-sample vocal se repite incesantemente sobre claps a negras antes de desintegrarse en dos minutos de noise depauperado. Pero una de las grandes bazas de las transmisiones de Hall siempre ha sido la confrontación de opuestos, algo que en este disco se encarna en la lucha entre intensidad física y profundidad cerebral. En “ KIXCLAPSCHORDSNHATS” y “Grungy Gloops”, por ejemplo, la abstracción y el maltrato digital de los sonidos -sobre todo en la segunda- demuestran lo cercano de su mirada al discurso de Actress. Aunque sobre el papel sus perfiles puedan parecer distantes, ambos coinciden en un planteamiento fundamental; la subversión de códigos que dominan a la perfección para devolver a la música electrónica su condición de campo para el riesgo y el desafío. Algo que, a día de hoy, es mil veces necesario que todas las “boat parties” que se celebrarán este verano juntas.

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