The Bells The Bells

Álbumes

Nils Frahm Nils FrahmThe Bells

8.1 / 10

Nils Frahm  The Bells ERASED TAPESLa misma sensación que Peter Broderick explica en el libreto que acompaña a “The Bells” la tuve cuando cayó en mis manos, por primera vez, el álbum que Nils Frahm grabó para el sello Sonic Pieces el año pasado, “Wintermusik”. Cuenta Broderick que, tras recibir el CD de manos del autor, se lo enchufó en el hotel, tumbado en la cama con la grata compañía del discman, e inmediatamente se quedó traspuesto. Descubrió unas manos especialmente dotadas para la improvisación capaces de extraerle el alma poco a poco a las teclas del piano, y tuvo que repetir la audición una y otra vez, maravillándose ante la belleza de esas miniaturas que el alemán había sacado de la nada como si fuera un demiurgo en contacto con esa música pura, perfecta, ideal, que según el pensamiento platónico existe en alguna parte. No necesitaba Nils Frahm mucho más para afectar los sentimientos de Broderick: sólo música en cascada y temblorosa, de una fragilidad casi insoportable. Y lo mismo que cuenta Broderick es lo que a uno, como decía, también le pasó con “Wintermusik”: lo de este hombre es sensacional, y su música no sólo se siente en la piel, sino que llega a plantearte interrogantes. ¿Cómo lo hace? ¿De dónde sale esta simplicidad que encoje el corazón?“The Bells” se publicó originalmente en 2009 en el sello Kning Disk, en una serie de discos de piano solo cuya dirección estaba –de hecho está todavía– a cargo de Broderick, cuando sus compromisos con giras y empresarios discográficos se lo permiten (es lo que tiene haber destacado en el pelotón neoclásico, que sale más y más trabajo, y que no falte). Al ser un disco de edición limitada, se agotó rápidamente –lo mismo con “Wintermusik”–, y el sello Erased Tapes ha sido hábil (¿o quizá sólo pasional, como Broderick y un servidor, y quizá tú también opines igual, al considerar que esta música no debía perderse?) a la hora de licenciar los dos trabajos. Se volverán a agotar, eso está claro, pero cualquier segunda oportunidad siempre es buena. Lo primero fue “Wintermusik”, hace algo más de un mes, y ahora le toca el turno a “The Bells”, disco más cálido y más inspirado que surge de unas cinco horas de improvisaciones en bruto gestionadas por Peter Broderick en una iglesia de Berlín en la que había un piano de cola perfectamente afinado y una acústica, con un reverb minúsculo pero suficiente, ideal para contagiarle ese punto solemne a la música. Y así fue la grabación: Frahm tocaba, Broderick le apuntaba ideas por detrás – “toca como si fuera a rapear encima”, cuenta que le dijo, y de este modo salió “My Things”–, y la música se deshacía como agua de lluvia.¿Qué tiene Nils Frahm que le distinga de otros interesantes pianistas neoclásicos como Goldmund o el propio Broderick cuando se despoja del resto de instrumentos? Me cuesta precisarlo, pero es una versatilidad que se percibe en pequeños matices. Goldmund, por ejemplo, y aun siendo un proyecto que me fascina –casi más que lo que hace Keith Kenniff como su otro alias, Helios (disculpen la aliteración)–, acaba dando siempre música intercambiable, mecánica, de un mismo tono siempre: como resulta ser apasionante y frágil, con un punto fúnebre, cada disco es un puñetazo al estómago, pero mucho temo que el artista no sabe hacerlo de otra forma. Frahm, en cambio, sabe hacerlo de todas. En “The Bells” comienza beethoveniano con “I Would Like To Think”y “Said And Done”, que tienen algo de sonata romántica, y a medida que avanza el minutaje (no llega a los tres cuartos de hora) la música se vuelve impresionista, o con un giro medio jazz ( “My Things”, otra vez), o se parece al minimalismo de Wim Mertens( “Small Me”), o tiene un algo del Chopin de la marcha fúnebre ( “Peter Is Dead In The Piano”) o the Bach en las “Variaciones Goldberg” ( “It Was Really, Really Grey”). Nils Frahm sabe sonreír y apenarte, sabe saltar en el tiempo y sabe envolver la burbuja de soledad necesaria cuando se escucha esta música, ya sea en un salón a oscuras –con luz azul y un libro en la mano– o con los auriculares aislándote del mundo. Si te gusta la música de piano a solas, tenlo por seguro: “The Bells” es uno de los discos clave del género. Juan Pablo Forner

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