AUN – The Beginning And The End Of All Things AUN – The Beginning And The End Of All Things Top

Álbumes

Christian Fennesz Christian FenneszAUN – The Beginning And The End Of All Things

8.3 / 10

En la carrera de Christian Fennesz están perfectamente identificados los momentos de mayor inspiración –que coinciden con sus álbumes para Mego y Touch, desde “Hotel Paral·lel” (1997) hasta “Black Sea”, pasando, por supuesto, con sus cumbres personales, “Endless Summer” (2002) y el oscurísimo “Venice” (2005)–, pero la suya es una carrera extensa y constante y hay que tener en cuenta, a la hora de hacer balance, un número aún mayor de álbumes –y de EPs esporádicos– en el currículum del compositor austriaco. De hecho, su obra ya es un mosaico difícil de abarcar al completo que se ha ido complementado con trabajos en colaboración (con Ryuichi Sakamoto, eRikm o Mika Vainio) o incluso en comuna, como sus recientes aproximaciones a la improvisación y el jazz en “Knoxville” (2010) o en el reciente “Till The Old World’s Blown Up And A New One Is Created” para m=minimal en compañía de Martin Brandlmayer y Werner Dafeldecker. Quiero decir con esto que aunque Fennesz siga manteniendo el aura de artista individual y concienzudo que edita periódicamente obras maestras de laptop y guitarra manipulada, su pathos creativo hace tiempo que discurre por mil caminos, y que la colaboración –y el trabajo para cine– son ahora incluso más decisivos para su consolidación como creador que sus álbumes de estudio ajenos a cualquier encargo previo.

“AUN - The Beginning And The End Of All Things” es una banda sonora comisionada por el directo Edgar Hontschläger para un documental que parte de una idea de partida –tal como indican los créditos del disco– que tiene que ver con el deseo del futuro; cómo la humanidad, a lo largo de los años, se ha mantenido en una búsqueda conjunta y tenaz por el progreso, y que repasa las etapas de evolución de esta firme convicción que conocemos, entre otras palabras, como ‘civilización’. Pero el punto de inicio de Hontschläger no es únicamente positivista –en el sentido aplicado por la Ilustración, la ciencia y el capitalismo–, sino que incluye en esta búsqueda, o anhelo de futuro, un mensaje espiritual, que viene a ser que sin creencias no hay futuro, porque un sistema de creencias firme es el que asienta la base de toda comunidad que piense en la eternidad. Entre estas creencias, más allá de lo material, está lo espiritual –llámesele alma en un sentido cristiano, o simplemente la conciencia de ser, en un sentido budista–, y sobre todo la de existir en coincidencia con la naturaleza. El mensaje del director es que no hay progreso sin equilibrio, y que el momento actual para la humanidad es el de la encrucijada: o proseguir la espiral positivista, o reajustar la balanza y compensar la riqueza con el cuidado del entorno y el espíritu, básicos también para el progreso del ser humano.

Toda esta explicación es necesaria para entender cómo es la música: Fennesz aplica las ideas del director y compone hasta 15 piezas –técnicamente son 12, puesto que “Haru”, “Trace” y “Aware” están recuperadas de “Cendre”, el primero de sus dos discos con Ryuichi Sakamoto– en los que se unen desarrollos progresivos y un hondo poso espiritual; música anímica y experimental al mismo tiempo, en un juego de medidas tremendamente delicado pero que Fennesz sabe situar en su justa proporción. Se podrá decir que la mejor música de Fennesz siempre ha sido así, un equilibrio exacto entre las formas más aventureras –en el uso del glitch, del procesado de guitarra vía laptop, en la contaminación acústica del piano y el refinamiento del ruido blanco– y la aparición sutil, fantasmal, de melodías que acercan su trabajo académico a los oídos del pop. Pero la primera impresión que ofrece “AUN”, y que se va haciendo más fuerte con el paso de los minutos, es que estamos ante el disco más ligero, y precisamente por eso con mayor carga emotiva, de Fennesz. Las texturas son livianas y se suspenden en el aire, y la decoración digital está reducida a lo mínimo: por ejemplo, “Himitsu”, donde estamos ante el Fennesz más próximo a Brian Eno que jamás hemos escuchado, o en “Aun80”, que siendo un tema discordante con el ambient precedente –está creado a partir de sonidos del koto, el agua y la corriente de electricidad, en un encuentro entre tradición ancestral japonesa y métodos contemporáneos–, también suena desnudo, reducido a la esencia. Todo el álbum es como volar en una alfombra mágica sobre paisajes naturales en su mayor grado de perfección.

La temática japonesa de “AUN” no es casual. Explica Edgar Honetschläger que empezó a trabajar en su película a partir de ciertas consideraciones antropológicas del francés Claude Lévi-Strauss –recientemente fallecido– y también por su fascinación por el sintoísmo japonés, una de las pocas religiones animistas que quedan en el primer mundo, y que observa la existencia de un alma en todo elemento de la naturaleza, vivo o inerte, y que por tanto refuerza su punto de partida de que no hay progreso si no hay un equilibrio entre hombre y naturaleza. Así, Fennesz se adentra en una imaginería de templos en quietud, jardines frondosos y agua de nieve e impregna la banda sonora de una delicadeza miniaturizada como la del bordado en un kimono de seda o la proporción exacta de un bonsái, y que recoge el alma de un país y una idea –Japón y su confluencia de los ancestral y lo ultramoderno– con el mismo acierto con el que en “Venice” se sugería la soledad y el lento hundimiento. Puede parecer en principio que “AUN” es un título menor en la carrera de Fennesz, pero no: es uno de los grandes.

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