The Bachelor The Bachelor

Álbumes

Patrick Wolf Patrick WolfThe Bachelor

6.5 / 10

Patrick Wolf  The BachelorBLOODY CHAMBER MUSIC

Haciendo oídos sordos a las adulaciones del gentío, pero obsesionado con cazarles por la retaguardia, Patrick Wolf decidió financiar su nuevo y titánico proyecto a través de Bandstocks con las donaciones de sus fans. Luego anunció que se retiraba, le dio vueltas y más vueltas a todo, cambió varias veces de título, de tracklist, dudó sobre cómo dosificar los volúmenes de las entregas y... acabó liándose la manta a la cabeza. Sí, hecho un lío entre superación y arrogancia, entre lo gótico y lo celta, entre la soledad y el exceso, entre fustas y violines, su cuarto disco se le ha atragantado. “The Bachelor” es su trabajo con menor puntería. Tiene mucha menos que “Lycantrophy” (Faith And Industry, 2004), “Wind In The Wires” (Tomlab, 2005) o “The Magic Position” (Loog Records, 2007), suntuosos catálogos de pop exclusivo y circunspecto que perseguían siempre el cielo abierto como meta. Aquí el nudo estilístico no se desenreda como entonces, la ambición se desmorona en su propia megalomanía, el frágil encanto de ayer se corrompe y la seducción lírica deja paso al despendole de una grotesca vena expresiva. Sin apenas contrincantes en su terreno más allá de… ¿ Owen Pallett?, se le acusan por primera vez rastros de sequía como compositor.

Narrado como primera parta de una saga y con aires de odisea medieval, este “The Bachelor” de Wolf relata su búsqueda de la luz y su persecución de la paz mientras se adentra hasta la cocina en los cuartos oscuros del folk. Todo sobresale a borbotones, sin mesura, y el paisajismo de “El Solterón” acaba resultando excesivamente panorámico. Asimismo, el exorcismo emocional se antoja innecesario y las canciones parecen ahogarse en sí mismas. Yo le amputaba cuatro de cuajo. Es como si hubiera llegado tan lejos que ya no supiera cómo parar. “Oh Madre, ¿por qué voy sin frenos?”, canta en el ecuador del disco. Lo mejor siguen siendo sus características volteretas de pop disparado, como “Oblivion”, “Hard Times” (a pesar de su manida letra sobre el-mundo-después-del-11-S) y, sobre todo, la subyugante y obscena “Vulture”, un tema formidable que suena como si maltratasemos físicamente “The Magic Position”. Pero que destaque sobre el resto, poco más hay: tenemos rutas por las colinas con sabor a J.R.R. Tolkien, árboles que dan consejos, luchas contra el monstruo al final de cada pantalla superada del juego y una acertada metáfora sobre Teseo ( “Theseus”) como preciosa contracción de “these” y “us”. También está su amiga, la actriz Tilda Swinton, cantando como una princesa, y el productor Alec Empire subiéndose al carro como si nada... Al final sólo queda una enorme incertidumbre ante el mañana y una carretera abierta hacia “The Conqueror”, próxima batalla de una guerra contra sí mismo que él y sólo él ha osado declararse. Juguete roto.

Cristian Rodríguez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar