The Ascent The Ascent

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Wiley WileyThe Ascent

6.8 / 10

La corrección nos obliga a indicar que “The Ascent”, noveno disco de estudio de Wiley, llega a las estanterías vía Warner, la major, y Boy Better Know, uno de los sellos (también funciona como colectivo o plataforma) con más peso en el negocio grime. Sin embargo, el último trabajo “serio” del pope del grime me lo he descargado de internet porque el propio artista lo filtró poco antes de su lanzamiento oficial. Leo que lo hizo por desavenencias con iTunes; conociendo el carácter de Wiley, cualquier excusa podría justificar este enésimo acto de rebeldía. Son sonados sus desplantes a aquellos sellos que han querido hacer negocio con él (hacerle rico o hacerse ricos a su costa, depende de cómo lo quieras ver), hacer lo mismo que hicieron con Dizzee Rascal o con Tinie Tempah: colaboraciones en USA, producciones de David Guetta, chándales de Jeremy Scott y billetes everywhere. Ni siquiera sellos como Big Dada o XL Recordings –de un perfil medio, suficientemente grandes como para sacarle del supuestamente mísero underground; suficientemente pequeños para respetar la idiosincrasia del género– han conseguido domar a la fiera y monetizar su talento sin mancillar el orgullo suburbial que cimienta el grime.

El resultado es, probablemente, una de las discografías más extrañas, intermitentes y contradictorias de la música británica de la última década y “The Ascent” añade otro paso a este bizarro continuum editorial. Tiene colaboraciones que huelen a imposiciones desde los despachos. Algunos resultan bastante bien, como “My Heart” con Emeli Sande y French Montana; otros chirrían más, como el pastiche drum’n’bass de “Reload” o el electro pocho de “Lights On”. Pero todos son, al fin y al cabo, carne de radiofórmula británica, de Máxima FM de allí. Una receta que le ha dado resultados, pues el primer single de este disco, “Heatwave” (el típico tema con estribillo vacilón y líneas de sintes feúchas que pone a bailar a las poco-y-mal vestidas jóvenas inglesas como si hubieran nacido en Trinidad y Tobago) fue número uno en las listas de la isla el pasado verano.

Este montante de temas surge de la misma cloaca que los últimos discos de Dizzee Rascal. ¿Cómo hace Wiley entonces para seguir ostentando el título de padrino del grime? Sacándose de la manga otra mitad del disco que sí suena a grime –o, en el peor de los casos, a hip hop británico– y acompañándose de nombres cuyo prestigio en la escena se mantiene más o menos intacto. Éste no es el caso de Kano o Lethal Bizzle precisamente, sus dos compañeros en la resultona “First Class”, pero sí lo es de Ghetts, Griminal, Manga, Skepta o JME (a pesar de que estos dos últimos hayan colaborado en uno de los temas que suenan a borrachera en Salou). Incluso en los tres temas exclusivos de la edición Deluxe (y son estas tres canciones de lo mejor que hay en “The Ascent”) ha habido sitio para Preditah, uno de los productores más demandados en el mercado del grime.

A pesar de que la única concesión que ha hecho en todo el disco a la era dorada de los eski beats es el sonido lejano en “Ascent Intro” del clásico “Ice Rink”, la musicalidad de las rimas del de Bow no ha cambiado. La repetición de términos, hablar de él mismo en tercera persona e incluso reincidir en algún concepto para reconvertirlo ( “Humble Pie” es un claro homenaje a uno de sus temas más chorras y divertidos, “Pies”) aportan la sensación de que aunque este disco y sus otras ocho incursiones comerciales valgan más dinero que cualquier Freestyle o mixtape, Wiley siempre será Wiley. Cuando quieras que te entretenga, hazte con un disco suyo (o espera a que él mismo lo filtre). Cuando quieras venerarle, rebusca entre sus mixtapes. Es el consejo de una fan incondicional.

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