The ArchAndroid The ArchAndroid

Álbumes

Janelle Monáe Janelle MonáeThe ArchAndroid

8.6 / 10

Janelle Monáe  The ArchAndroid

BAD BOY RECORDS / ATLANTIC

El último fichaje de Puff Daddy, P. Diddy, Sean Puffy Combs o como demonios se llame ahora le hace ganar puntos. Tras el discretísimo debut de Cassie y con la carestía de nombres femeninos con peso en el roster de Bad Boy Records, Diddy ya se puede dar con un canto en los dientes porque lo que ha encontrado es una joya. No obstante, el mérito no es suyo, sino de la extratalentosa protagonista de la historia: Janelle Monáe. Estudiante de teatro, cantante prodigiosa, compositora y bailarina sin haber cumplido los 25. ¿Cómo va a estar bien repartido el dinero si el talento está esparcido de esta manera? Protagonista también de la historia que sustenta este “The ArchAndroid”, pues Monáe encarna a Cindi Mayweather, la enviada divina de la que depende la salvación de los ciudadanos de Metropolis. Algo así como Jesucristo, el último cylon y una chica Bond todo junto. La historia empieza en 2007 con la primera suite, “ Metropolis Suite I of IV: The Chase”, EP que relanzó Bad Boy en 2008, después de que Diddy le echara el ojo y que acabó con nominación en los Grammy.

“The ArchAndroid” engloba la segunda y tercera parte de este álbum conceptual. En total, setenta minutos pensados concienzudamente con el objetivo de situar al oyente en una superproducción cinematográfica. Monáe se refiere a este álbum como una aventura espacial del primer James Bond, una definición que, a grandes rasgos, es acertada. Sin embargo, en el viaje te encuentras un sinfín de referencias más. Desde The Cotton Club (y no sólo por los trajes de los bailarines de claqué, muy similares a los que usa Janelle y su Wondaland Band) pasando por “Grease”, algo de “Dreamgirls”, incluso algún guiño a la factoría Disney. ¿Cómo se consigue eso? Con una producción excepcional y faraónica, un buen puñado de músicos con los que ha compartido mucho tiempo y con una voz preparadísima y camaleónica. Cometí el error de pensar que esto iba a ser como un “ Stankonia” en clave femenina. La culpa la tiene el primer single, “ Tightrope” y su vídeo, con el mismo código genético que la mítica “ Hey Ya!”. Sin embargo, su mentor Big Boi asoma la patita en “ Tightrope” y en la polirítmica “ Cold War”, los únicos cortes donde la marca OutKast es evidente.

En la primera parte del disco, la segunda suite, Janelle Monáe ya despliega todos sus alter egos vocales. En “Dance Or Die” calienta motores con rimas ágiles y lineales que desembocan en su faceta más soul con dos cortes que son una maravilla. Primero “ Faster”, un sugus de piña para los oídos, los pies y las palmas. Justo después “ Locked Inside”, que recuerda mucho a Stevie Wonder o al primer Michael Jackson en solitario con un toque tropical en la instrumentación. Después de esta demostración de linaje Motown lo último que esperas encontrar es a Monáe emulando a Karen Carpenter o a Simon & Garfunkel en baladas prístinas de pop sixties o folk beato. Así suena “ Sir Greendown”, la intro de “ Oh Maker” o la brillante “ 57821”, que parece sacada del cancionero de una coral católica. Tampoco era previsible encontrarse con orquestación de banda sonora en las oberturas de la las dos suites, o en “ BaBopByeYa”, un corte de ocho minutos que cierra majestuosamente el disco rindiendo tributo al más genuino agente 007, cuando Sean Connery encarnaba al personaje y John Barry se encargaba de musicar las entregas.

Las oportunidades de mover el esqueleto desenfrenadamente como en “Tightrope” se reducen a “Cold War” y “ Come Alive (The War Of The Roses)”, que es capaz de sacar a un bailarín de rock acrobático de lo más profundo de nuestro ser. Resulta que la artista también se desenvuelve con soltura impostando y rasgando su voz como los grandes del rock clásico. A la ristra de referencias, influencias y estilos hay que sumar la incursión electropop de la mano de Of Montreal, que aparecen sin demasiada suerte en “ Make The Bus” pero consiguiendo encajar su sonido en la idea global del disco. Ésta es precisamente una de las virtudes de “The ArchAndroid”. Janelle Monáe no sólo consigue mimetizar su voz a los diferentes escenarios estilísticos en los que se desarrolla el disco, sino que ha conseguido que sea el contexto, la música, las colaboraciones, los que se mimeticen con ella y con su imagen. Pues no hay nada fuera de lugar en este álbum: el sonido encaja con el concepto, el concepto con la artista y la artista con el sonido. “The ArchAndroid” tiene muchos puntos para acabar convirtiéndose en el “ The Miseducation Of Lauryn Hill” de nuestra década, a no ser que la Hill regrese de su abducción rastafari antes de que acabe el decenio.

Mónica Franco

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