The Apple And The Tooth The Apple And The Tooth

Álbumes

Bibio BibioThe Apple And The Tooth

7.4 / 10

Bibio  The Apple And The Tooth WARP / PIAS SPAIN

En el mundo subatómico, en los pastos cuánticos, donde todo ocurre al mismo tiempo y la potencialidad es ley, existe una realidad paralela en la que Bibio es Bibi y Bibi Andersen es Bibio Andersen. Reflexiones de este tipo son las que plantea la música de este británico, sobre todo cuando al tiparraco le da por soplar la zampoña folkie, le salen dos protuberancias en la frente y las pezuñas de cabra se asoman por sus Nikes. Sí, joder, son las inevitables paranoias que le entran a uno después de aguantar una megacalada de White Widow en los pulmones durante un minuto. Los efluvios tóxicos de este boardcanadesco garzón pueden llevarte a un estado de hipnosis (y velocidad) absurda en la que el Darth Vader de Rick Moranis acojona más que la voz de James Earl Jones; un paraíso artificial, en suma, donde puedes plantearte los dilemas cuánticos más mongoloides mirando al techo mientras se te acumulan las hipotecas, tu novia se cepilla a tu primo el de la tienda de Apple y tu camello marfileño te espera abajo para darte la paliza del siglo.

El Bibio de Ambivalence Avenue me encogió la picha y me dejó un agradable sabor de boca en la punta de la… lengua. Sin alcanzar cotas de genialidad lo suficientemente importantes como para ser considerado un punto de inflexión en la electrónica del nuevo siglo, el LP que le catapultó al estrellato del bleep se mostró ante nuestros ojos como una mezcla ectoplásmica y fascinante de Boards of Canada, Aphex Twin, Flying Lotus y The Mamas & The Papas. Y funcionaba con una fluidez casi aceitosa. La electrónica parcheada de Stephen Wilkinson entraba fantásticamente bien, seguramente porque su factor psicodélico estaba supeditado a la arquitectura digital, bien dispuesta, fuerte en sus cimientos, pero ciertamente delicada en el contacto físico.

Con “The Apple And The Tooth”, Bibio apela a la sacrosanta patilla navideña y nos regala cuatro temas inéditos más ocho remezclas de “Ambivalence Avenue” ejecutadas por coleguis y él mismo. A diferencia de su primer LP con Warp, las nuevas composiciones incluidas en este disco ejecutan una pirueta a la inversa, permitiendo que la sacarina folk se filtre con total libertad en cubierta y remoje con gustirrinín las orejas del personal más sensible y afín a las seis cuerdas. Los que se relajan más con el lado más hippy de Wilkinson seguramente disfrutarán con la guitarra acústica, la flauta y los coros buenrrollistas del tema que da título al disco. O con la candidez infantil de “Rotten Rud” –la fórmula es idéntica, ¡parecen la misma canción!–, o con el folk de ritmo gordo y melodía 60s de “Bones & Skulls”. Para mí gusto, de su nueva mierda lo mejor es sin duda “Steal The Lamp”: sintetizadores de videojuego, ritmos nerviosos, cánticos sectarios y fin de fiesta drum’n’bass con graves paquidérmicos.

Aquí hay una verdad impepinable. El precedente de “Ambivalence Avenue” está todavía muy fresco y no hay forma de equiparar la genialidad de ese disco con las nuevas composiciones de nuestro chavalote: tienen calidad, destilan también poesía artificial, pero no presentan el acabado perfecto de sus hermanas mayores. Quizás por eso resulta mucho más estimulante la segunda parte del álbum, con una colección de remezclas que nos reconcilian en su gran mayoría con el filo más electrónico de Bibio (para mí las guitarras acústicas son como un pellizco en las almorranas) y merodean por parajes sintéticos de mayor agrado para el paladar de quien esto firma. Leatherette se convierte en Pete Rock y saca de “Lover’s Carvings” ese sonido soulful y embriagador del dios neoyorquino. Keaver & Brause apuestan por el Dilla de “Welcome 2 Detroit” para sacarle alma a “Fire Ant”. Clark, por su parte, opta por la carta más enloquecida, convirtiendo “S’Vive” en una colisión entre Squarepusher, Si Begg y Hudson Mohawke. Sugarette apela a las escrituras sagradas de los omnipresentes Boards of Cábala, firmando con “Sugarette” el remix más ensoñador y melancólico de la lista. De todos modos, mi restauración favorita es la lobotomía electro-dusbtep que Eskmo aplica a la ya de por sí magnífica “Dwrcan”, una brutalidad que hace palidecer el grueso del cancionero remixeado y deja las cuatro piezas inéditas de Bibio en música para perroflautas moderniquis. Sólo por esta venenosa tortilla digital de sonidos industriales, hip hop tenebrista y porro gordo ya merece la pena hincarle los caninos a “The Apple And The Tooth”.

Por cierto, atención a las palabras que Wilkinson le dedica al disco en su página de Myspace. “Llámalo EP, llámalo LP. Me importa una mierda. Tiene 12 canciones, ¿un long playing EP? Me da igual, siempre y cuando lo compres y no te lo bajes con Rapidshare, que dicho sea de paso, está destrozando la industria musical”. Creo que me ha pillado.

Óscar Broc

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