The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars Top

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David Bowie David BowieThe Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars

9.5 / 10

David Bowie o la leyenda viviente. Da igual que nos refiramos a él sólo como Bowie, como el Duque Blanco, como Ziggy o incluso como David Robert Jones: su nombre sonará incluso al más despistado y al menos melómano. Hablar de Bowie es hacerlo del artista total, de uno de los personajes claves de la historia del siglo XX, de un icono pop, sexual, cinematográfico y, por supuesto, musical. En estos de tiempo de estrellas impostadas y música de usar y tirar, recuperar a un genio como Bowie es casi una necesidad. Da igual la excusa. ¿Que se cumplen 40 años del nacimiento de Ziggy Stardust? Pues bienvenidos sean si eso supone una reedición remasterizada por Ray Staff (ingeniero de sonido de la grabación original), en vinilo de 180 gramos y con un DVD con remixes –aunque sin los bonus tracks que sí aparecían en la edición 30 aniversario; no todo puede ser perfecto–. Si alguien aún no lo tiene en su colección, nunca es tarde, y si se tiene, pues celebremos su existencia, que discos como éste ya no se graban todos los días.

Pero retrocedamos un momento atrás en el tiempo, que de eso se trata al fin y al cabo: corría 1972 y el trono del rock lo ocupaban The Rolling Stones, que ese año editaban “Exile On Main Street” y cuyo reinado parecía indiscutible. Sí, es cierto que en 1972 también vieron la luz trabajos de Lou Reed, Can, Neu!, T-Rex o Frank Zappa, pero ninguno de ellos podía hacer sombra a los Stones. Hasta que llegó un Bowie hasta entonces semidesconocido, con cuatro álbums a sus espalda y que llevaba años tocando varios palos –empezó como cantautor y estudió teatro con Lindsay Kemp–, pero que no había terminado de cuajar más allá de un público enteradillo con sus trabajos anteriores a éste. Salvo que en esa época uno tuviera menos de 20 años y un culo inquieto, es difícil que supiera de la existencia de géneros como el glam, que por entonces emergía. Bowie, como ya hiciera antes Picasso (o mucho más tarde Madonna), tenía la habilidad para detectar lo que se cocía en el momento y hacerlo suyo. Unas dosis de rock a lo Led Zeppelin, guiños al rock sinfónico y sobre todo, mucho glam pasado por su particular tamiz y jugando con todas las posibilidades que le daba el nuevo género.

Para que la jugada fuera aún más redonda, Bowie inventó un personaje que se ajustaba como un guante a esta nueva faceta del músico: Ziggy Stardust, un ser andrógino venido de Marte que gastaba un mullet naranja imposible, maquillaje excesivo y lentejuelas que formaban una segunda piel. A través de Ziggy, Bowie parió uno de los mejores discos conceptuales del siglo XX, en el que se daban la mano una imaginería fantástica y en la que sin pudor ni reparos Bowie-Ziggy se autoproclamaba estrella absoluta de rock. Tamaño atrevimiento y desvarío (porque no nos engañemos, sobre el papel la historia parece la paja mental de un adolescente adicto a los cómicos y la ciencia-ficción) le podía haber supuesto un descalabro digno de Spinal Tap, pero estamos hablando de Bowie, y el resultado es un disco impecable de principio a fin, sin una sola canción de relleno y que a día de hoy sigue sonando sorprendentemente fresco e innovador. Desde el pop sintético de “ Starman” al glam sensual (y sexual) de “ Stone Love”, pasando por el rock de “ Moonage Dream”, en “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” no sobra ni una nota, ni un riff ni un coro. Puede que el disco que convirtió en leyenda a Bowie esté de aniversario, pero nadie puede negar que por él no hayan pasado los años.

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