The Air Between Words The Air Between Words

Álbumes

Martyn MartynThe Air Between Words

6.5 / 10

Hubo un tiempo, allá por 2009, cuando el dubstep -el de verdad, no #lodeSkrillex- ya lo había petado, en el que un montón de gente se dedicaba a hacer electrónica de una manera muy interesante, saltándose las estructuras del cuatro por cuatro, bebiendo del amor al subgrave y la pasión por los ritmos rotos de la tradición underground londinende. Por aquel entonces, todo lo que era difícilmente etiquetable era post-dubstep; y en ese cajón estaba el holandés Martyn. Su música no era sólo técnicamente buena, sino que era original y, lo más importante, ciertos temas conseguían calar muy profundamente en la memoria. Martyn hacía temazos como These Words que todavía hoy te retuercen la espina dorsal.

Después, Martyn se fue a vivir a Washington, que debe ser el equivalente norteamericano a mudarse a Liechtenstein o Ginebra: un coñazo grande y gordo. La gestión de su propio sello, 3024, le forzaba a estar en contacto con otros productores. Pero la distancia con Europa y su circuito de clubs hizo que Martyn fuera desapareciendo poco a poco de los flyers de discoteca y de los line-ups de festivales. De manera voluntaria o involuntaria, Martyn se alejaba de aquello que lo había visto nacer y crecer como productor. Ya en su segundo disco -editado por Brainfeeder, el sello de Flying Lotus, hace dos años-, el holandés comenzó a ser muy ambiguo con su mensaje. Sí, sus producciones seguían siendo técnicamente muy certeras, pero ¿qué quería que hiciéramos con aquellas canciones? ¿Las bailo en casa, en un pub? ¿Las escucho mientras leo, mientras cocino? ¿Qué quieres transmitirme, cuál es el mensaje? Esta falta total de una voluntad definida es el handicap primordial de The Air Between Words; título que, tras escuchar el álbum, suena a antónimo, pues los silencios entre palabras dicen más que muchas de las canciones aquí presentadas.

Tal y como uno podía esperar, Martyn se ha convertido en el típico productor de electrónica que los indies entronizan, véase Four Tet. De hecho, Four Tet aparece en Glassbeadgames, un auténtico sopor de tema con las mismas cajas trotonas y secas de siempre, esos tintineos tristones y esas voces pitcheadas; la canción es tan predecible y obvia como lo es esta colaboración entre Kieran Hebden y el holandés. Justo lo contrario ocurre en la otra colaboración que atesora el disco. copeland aka Inga Copeland pone la voz y la armonía en Love Of Pleasure, un corte que tiene mucho del legado de Hype Williams (distorsión, texturas rasposas, rítmica sincopada y la voz de Inga). El holandés imprime su sello en el tema con un piano y unas líneas de bajo poderosísimas, convirtiéndolo en el mejor corte del disco.

En el resto del minutaje encontraréis canciones entre los 128 y los 133 bpms facturadas con quirúrgica perfección, capas límpidas y claras de sonido con graves poderosos y golpes cuadrados al milímetro. Algunas más ácidas ( Drones), otras más jacking ( Like That). Todas, salvo la alienígena y original nana Lullaby, poco trascendentes en lo artístico. Aunque todas, eso sí, perfectas en la ejecución. Imposible suspender un disco como The Air Between Words. Imposible también que pase del aprobado.

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