That?s How We Burn That?s  How We Burn

Álbumes

Jaill JaillThat?s How We Burn

7 / 10

Jaill That’s  How We Burn SUB POP Jaill son cuatro chavales de Milwaukee que han escuchado más de la cuenta el “Less Than Zero” de Elvis Costello. Cuatro chavales que se hacen fotos junto a árboles de navidad tristemente adornados y que contienen su explosión post adolescente en cápsulas sonoras de tres minutos psicodélicamente adictivas. Su referente más directo es un hype del año pasado: Girls . Como los de San Francisco, Jaill citan entre sus principales influencias a tipos con tupé (como Buddy Holly) y a la banda de las bandas: Beach Boys. Bien, hasta aquí todo parece indicar que Vincent Kircher y los suyos (entre ellos un Ryan Adams que no es el Ryan Adams de “Heartbreaker”) podrían muy bien ser una copia de los antes citados (Girls) que, aprovechando el auge de la psicodelia pop (en la que militan todo tipo de bandas: las hay, como The Coral, que se asoman al abismo de finales de los 60 y logran salir ilesos, y otras que prefieren combinarlo con el esnobismo de los 80, The Pains of Being Pure At Heart), lanzan un álbum, el que nos ocupa, “That’s How We Burn”, correcto, a ratos sucio, a ratos contagioso, a ratos hasta tierno (en el sentido en que fueron tiernos los Housemartins: “Thank Us Later” es el mejor ejemplo). Pero no es eso. Porque Jaill no acaban de aterrizar. En realidad el muy potable “That’s How We Burn” es su segundo largo.El primero lo editaron el año pasado. Se llamaba “There’s No Sky (Oh My My)” y, aunque bastante más irregular que el presente disparo, auguraba ya un prometedor futuro a la banda, que empezó llamándose Jail pero que tuvo que cambiarse el nombre cuando descubrió que existía una banda alemana que se llamaba así. Puro lo-fi noventero, grabado de cualquier manera, en casa, que acabó llamando la atención de los chicos de Sub Pop y decidieron fichar a la banda tras escuchar el álbum. Para entonces los chicos ya eran cuatro (el grupo fue primero un dúo impulsado por Vincent, dispuesto a cualquier cosa con tal de que sus canciones sonaran algún día más allá de las cuatro paredes de su cuarto) y Justin Perkins había aceptado echarles una mano en la producción. Repite Perkins a los mandos (esta vez en su estudio, cosa que se nota, la producción gana enteros y no hay mejor muestra que el arranque, la muy nerviosa aunque menor en comparación con otros cortes del disco “The Stroller”) y el sarcasmo se apodera de todos y cada uno de los cortes ( “Summer Mess” se lleva la palma, aunque los tiburones de “She’s My Baby”, muy Third Eye Blind, se queda muy cerca).Suenan al reverso sucio y noventas de los Everly Brothers (en “Baby I”) y a baile de instituto sin clichés ( “Everyone’s Hip” podría ser la sintonía de una serie de adolescentes despreocupados). Cuando juegan a producirse hasta lo indecible les sale un disparo adrenalínico de la talla de “How’s The Grave” o un clásico del arrebato juvenil como “On The Beat” (sin duda el corte que mejor define su estilo). Y si insisten en que no quieren crecer (como ocurre en “Demon”) es porque Peter Pan les cae bien, y si son capaces de construir un festival sonoro con aspecto de castillo de arena (de la playa) de la altura (y la perfección) de “That’s How We Burn” es porque estamos ante una de las agradables sorpresas del verano, que sin duda hará disfrutar a cualquier fan del sonido Girls. Laura Fernández

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